Angela Merkel: virtudes y límites de un liderazgo moderado mundial

Pedro Isnardo de la Cruz y Juan Carlos Reyes

 

Hija de un pastor evangélico, formada en disciplinas científicas, Angela Merkel construyó un liderazgo alemán e internacional innegable. 

 

Las crisis que enfrentó después de haber sido elegida y reelecta en cuatro elecciones parlamentarias y durante más de una década y media como Canciller Alemana, muestra una trayectoria de liderazgo fraguado en la ausencia de competencia tenaz de sus opositores y un capital político hecho de independencia, sin arrogancias y capaz de tomar distancia táctica e ideológica de su propia fuerza partidista, la Unión Demócrata Cristiana. 

 

Desde 2005 a la fecha, supo construir para Alemania una era de progreso, estabilidad, coaliciones gubernamentales estables: redujo a la mitad los cerca de 5 millones de desempleos que heredó desde 2005 y consagró a su país como una potencia europea exportadora. 

 

Su capacidad de escucha y compromiso se acompañó de una resistencia física para enfrentar negociaciones prolongadas dentro y fuera de Alemania. Su estilo moderado le valió alianzas estratégicas internacionales y críticas/errores políticos por esperar demasiado a la toma de decisiones: o demasiada sensatez con el ministro de Hungría Viktor Orbán (y con ello se le achaca hasta dónde fue responsable de no evitar desde la Unión Europea, que nacieran nuevos liderazgos autócratas y extremistas), o por su pendular posición respecto a apoyar el liderazgo francés de E. Macron 

 

Presionada por las circunstancias, en septiembre de 2015, finalmente se decidió a abrir las fronteras a los refugiados, mientras las naciones europeas no secundaron su política. 

 

Respecto a este fenómeno mundial que sigue en su laberinto y Merkel, lamentablemente, no coadyuvó a la creación de políticas de soluciones duraderas: al no defender el principio de un derecho ilimitado al asilo, al no contribuir al diseño de una burocracia post material desde Alemania para el tema de refugiados, al no construir una agenda multilateral eficaz en pro de la defensa de derechos humanos frente a líderes autócratas, Alemania en los hechos, acaso refrendó su nacionalismo ante los procesos crónicos de movilidad internacionales de las personas. 

 

Como diversas naciones no preparadas para enfrentar la pandemia COVID-19, Merkel enfrentó el desgaste de su imagen y de su gobierno por la expansión de contagios y muertes, en tanto mostró los déficits de infraestructura nacional administrativa, tecnológica y escolar óptimas, debiendo pagar su población en las primeras fases el costo de alinear la campaña de vacunación de Alemania con el ciclo de aplicación de países de la Unión Europea. 

 

Distanciada de estilos preeminentes de liderazgo y gobiernos populistas, Merkel logró consolidar el liderazgo alemán en el seno europeo, y con su despedida de la cancillería, lamentablemente será inestable la capacidad estratégica de la Unión Europea para preservar su cohesión y trazar la agenda internacional.  

 

Su popularidad dentro y fuera de naciones europeas, muestra que se extrañará su ascendente capacidad negociadora, sobre todo, cuando emergencias sociales y planetarias gravitan con mayores consecuencias, desigualdades y devastaciones: cambio climático, pandemia coronavirus, liderazgos populistas/autócratas/intervenciones-bélicas/terrorismo, carrera mundial armamentística, privatización de recursos naturales, afirmación de patentes de empresas transnacionales en medio de la emergencia coronavirus. 

 

Su estilo no populista del ejercicio del poder, no rupturista, muestra el espejo en el que el mundo se debate hoy sobre el tipo de liderazgos que requiere para construir futuro, dado el nivel de complejidad, calamidades y catástrofes que se presentan. 

 

La pedagogía política de Merkel era del arte y dominio de lo posible en medio de las crisis y acontecimientos imprevistos, frente la extrema impaciencia generacional por soluciones a corto plazo y de raíz para las problemáticas comunes. 

 

¿Qué tipo de liderazgos y gobiernos se requieren en la actualidad? 

 

¿Hasta dónde un liderazgo moderado posterga las soluciones de fondo? ¿cuál es el precio que pagan las nuevas generaciones con liderazgos neopopulistas? 

 

Vale la pena pensarlo, sobre todo cuando a pesar de las lecciones de COVID-19, las sociedades/gobiernos/empresas a escala global, siguen reproduciendo lógicas de poder/competencia, depredación del ambiente, abriendo nuevas compuertas a riesgos de autodestrucción mundial social/comunitaria. 

 

Alemania ha ovacionado la despedida de Merkel quien alcanzó al final de su ciclo más de 70% de popularidad, mientras elige 709 diputaciones del Bundestag, que a su vez elegirán al canciller para el periodo 2021-2025, institución política que es similar a la figura de Primer Ministro en otros países.  

 

¿Edificó Merkel un modelo de liderazgo que se extrañará? Las opiniones expertas se dividen.  

 

En la pluma de Yascha Mounk de la Facultad de Estudios Avanzados de la Universidad John Hopkins: 

 

“La elección de Alemania de 2021 no cambiará demasiado el país. Con Merkel, Alemania no ha sido tanto el modelo de democracia y derechos humanos que la mayoría de los observadores internacionales creía. El país estrechó sus lazos económicos con China, llevó adelante un gasoducto importante para el Kremlin, reforzó el poder de los déspotas incipientes de Polonia y Hungría, y cerró tratos inmorales con los dictadores de Turquía y de otros países. Probablemente la misma hipocresía caracterizará la política exterior de Alemania cuando Merkel se haya ido. Hay pocos motivos para que, aquellos a quienes les importan la democracia y los derechos humanos, se preocupen por Alemania.” 

 

En la mirada del politólogo Herfried Munkler investigador alemán de la Universidad Humboltd:  

 

“El final de la era Merkel podría ser más trascendental para la Unión Europea que para la República Federal de Alemania. Alemania, con su poder político y, sobre todo, económico, es un competidor natural por el liderazgo político en Europa. En caso de que ya no pueda cumplir con este papel después de Merkel, otros intentarán llenar el vacío” 

 

Diversas las lecciones de Merkel sobre su estilo de gobierno. 

 

La confianza y seguridad en sus mandatos fue resultado de su honestidad, serenidad e inteligencia personal, política y estratégica -ejercido con maestría mediática-, en la extraña especie de doctrina de saber no decir demasiado en pocas palabras: austeridad auténtica, sin demagogias, sin auto elogios, tendiendo con convicción de la derecha al centro y a la izquierda, sin improvisación ni fundamentalismos ideológicos en la gestión pública de problemas y resultados. 

 

Una docente muy respetada y Doctora en Química Cuántica, deja un magnífico ejemplo a las nuevas generaciones de mujeres en el poder que han emergido con fuerza en todo el mundo.  

 

En México, después del proceso electoral de junio de 2021, el mapa electoral es dibujado por una fuerte presencia de la mujer en liderazgos políticos fundamentales: gabinetes, congresos, gubernaturas. 

 

Su biografía es espejo de fortaleza física y moral para la conciliación, de disciplina ética para no dejarse corromper por nadie, de tesón y sabiduría para alcanzar objetivos plausibles a escala local, nacional e internacional