Órale Politics! – ¿Cree usted en los fantasmas?

En realidad, ¿cree usted en los fantasmas? Hace unos diez años la pregunta me hubiera causado mucha risa. Claro que no, hubiera sido mi respuesta automática.

Hasta que fui a vivir a Cholula, o Cholutitlán de los Muertos, como yo cariñosamente la nombré. Y bueno, nadie me dijo cuando llegué a Cholula que los muertos son los dueños del lugar. Nadie.

Si nos ponemos a observar y a razonar, la mayor parte de los habitantes del presente y del pasado de este planeta tiene y ha tenido contacto con el más allá toda la vida, principalmente a través de esquemas religiosos. El mismo dios es un ser que existe en el más allá y el más acá de manera simultánea. Los fantasmas son el punto de contacto entre los vivos durante su vida y los muertos, también durante su vida. Más de esto adelante en la lectura, por el momento regresemos a Cholutitlán.

En Cholutitlán me pasó de todo o casi todo en el terreno de lo paranormal. Pantallas de celulares y de computadoras estrelladas, sin explicación alguna. Cadenas que caían junto a mí, pero sin evidencia de cadena alguna. Sueños incómodos al principio, terroríficos después. Ruidos inexplicables, muy violentos algunos de ellos. Nuestra perra, la Wera, ya al final en ese lugar donde vivimos inicialmente mi esposa y yo, no quería dormir sola, únicamente dormía debajo de nuestra cama, generalmente temblando, supongo que de miedo. Había espacios del departamento donde la Wera ni de relajo pasaba por ahí.

La dueña del lugar nos decía que no comentásemos nada a nadie de lo que nos pasaba, ya que la gente creería que estábamos locos mi esposa y yo. Y bueno, ciertamente los locos no éramos nosotros. Un doctor muy amable me ofreció el contacto de su chamán, experto en chaneques (o espíritus chocarreros). También me dijo que si el lugar no era de mi propiedad, que mejor me saliera de ahí. Me recomendó en su momento que pusiera cantos gregorianos en la casa a las tres de la mañana, que eso ayudaría mucho. Los locales nos recomendaron no embarazarnos. Los locales, después de romper el hielo, nos contaban un sinfín de anécdotas de chaneques, siempre sonriendo, más o menos. Nos tuvimos que mudar a otro lugar justo después de que mi esposa y yo empezamos a tener sueños en conjunto, esto es, ella y yo soñábamos el mismo sueño, al mismo tiempo. Eso nos dio miedo.

Cuando llegamos al nuevo departamento, las cosas se tranquilizaron, pero siguieron sucediendo las manifestaciones. En una de esas, los chaneques se habían apropiado de mi argolla matrimonial. Un día me acordé que mi mamá siempre había creído en lo sobrenatural, aunque acabó su vida un poco decepcionada porque nunca pudo verificar que se podía entrar en contacto con el más allá. Esa noche, antes de dormirme, le pedí respetuosamente a mi mamá, que había muerto hace algunos años, que por favor me ayudase a recuperar mi anillo. Al día siguiente el anillo apareció en el buró, junto a mi cama. Semanas después desapareció mi reloj. El intercambio se me hizo justo.

Si el amable lector, lectora o lectore está interesado en conocer con más detalle mi experiencia con los chaneques de Cholutitlán de los Muertos, puede consultar con toda confianza el cuento breve titulado: “Cuidándote” https://www.academia.edu/42632269/ME_MOLESTA_TU_EXISTENCIA_Cuid%C3%A1ndote

Sobre mi experiencia de vivir en Cholutitlán, también escribí: “LQQD” https://www.academia.edu/42618714/ME_MOLESTA_TU_EXISTENCIA_LQQD

El caso es que mi Santa Jefecita pues se le ha aparecido de una u otra forma a una de mis hijas (“la abuelita vieja”), y a dos de mis sobrinos, hijos de diferentes hermanxs. También a mí, en un par de ocasiones.

Mi encuentro original con los chaneques en Cholutitlán fue de shock al 100. Yo me considero un hombre de ciencia (Ciencia Política, pues). Tan sólo aceptar la posibilidad de que existen seres del más allá (más allá de la vida terrenal) fue difícil en extremo. Mi ser, sobre todo sus partes emocional e inteligente, entró en un shock brutal, por decir lo menos. “No puede ser” fue la frase favorita del momento y durante varias semanas.

Poco a poco se fueron presentando explicaciones irreales, finalmente llegó el pánico y la desesperanza. Hasta donde yo capto, o te largas del lugar donde se presentan las manifestaciones negativas o de plano te acostumbras y te quedas ahí, aceptando lo inaceptable, generalmente para siempre.

La religión católica cuenta con una abundante parafernalia para lidiar con todo tipo de fantasmas o seres del más allá, y llevar la fiesta en paz con ellos. Tiene amuletos, santos para rezarles, los sacerdotes generalmente acceden a echarle agua bendita al lugar poseído y también hay maratones de rezos, una especie de exorcismos light. La gente dice que a veces funcionan, pero a veces no. Cuando el asunto no funciona por la vía del catolicismo, pues los chamanes le entran al quite, generalmente con éxito. Aunque los mismos chamanes advertían que había chaneques tremendamente poderosos y contra ellos no se podía hacer nada. También había chaneques amigables, que señalaban los lugares dentro de las casas donde había oro enterrado…

Yo creo que lo que la gente identifica como fantasmas, en realidad son energías que se han quedado atoradas entre el más allá y el más acá, entre la vida y la muerte. A veces resulta fácil desatorarlas, otras veces no. Estas energías se manifiestan ante los vivos porque de una u otra forma los vivos pueden hacer algo por los atorados y pueden ayudar a liberar esa energía personificada, a veces pagando costos terribles. Todos tenemos la capacidad de entrar en contacto con el más allá, unos más que otros, pero al final de cuentas todos contamos con esa capacidad. Algunos no le hacen caso a las manifestaciones, otros ni siquiera saben que lo que están viendo, sintiendo o escuchando es una manifestación. Otros lo niegan por ser algo imposible de suceder. Otros consideran que ciertos sueños son manifestaciones de contacto con el más allá… sobre todo si la Doña se acerca silenciosa, elegante, firme y sutilmente.

En el caso de Cholulitlán me puse a investigar, como buen investigador que soy. El mandamás católico del pueblo tiene una rica y hermosa biblioteca personal sobre el pasado histórico de Cholutitlán, un punto de encuentro milenario de energías muertas y vivas. También un pueblo al que jamás los españoles pudieron dominar, ni conquistar. Y ahí fue donde salió el peine. En realidad Cholutitlán es una gran concentración poblacional que fue edificada sobre capas, capas y capas de indígenas muertos. Las crónicas de la época hablaban de los ríos de sangre y de las crueles masacres. Los muertos eran enterrados por todos lados, por eso el pueblo está infestado de energías negativas, de vivos que murieron iracundos porque sabían que su muerte era injusta y sus asesinatos guiados por la codicia. De hecho, muchos pueblos prehispánicos acudían históricamente de todas formas a enterrar a los suyos en Cholutitlán.

A los cholultecas les tocó la maldición de las dos cruces de la conquista: la cruz de la espada y la cruz de la santa inquisición. Morir iracundos es una de tantas formas de volver constantemente desde el más allá, de energías que se han quedado atoradas hasta que se haga justicia. Desconozco si la construcción de una iglesia católica sobre una de las pirámides más grandes del planeta en Cholutitlán tenga que ver con todo el problema o la solución a todo esto, pero sospecho que el tiempo lo dirá.

Por cierto, las religiones cristianas son los sistemas de creencias que más contacto tienen con el más allá. Jesús venció a la muerte. Se les reza a los muertos hechos espíritus. El papa es el representante en la tierra de una entidad que vive en el más allá. De hecho esa entidad es específicamente un espíritu representado por el Espíritu Santo. En las religiones cristianas todo el tiempo nos la pasamos preparándonos para el más allá: para vencer a la muerte, primero hay que morir y sólo entonces podremos disfrutar de la vida eterna. Esto es, siempre estamos preparándonos para convertirnos en un fantasma feliz o infeliz, dependiendo de cómo nos hayamos comportado en vida, en la tierra. Si usted es católico o mainstream protestant… usted cree en los fantasmas y aspira a convertirse en uno.

También somos herederos culturales de la creencia prehispánica que después de muertos, pues nos tocaba ir a la tierra de los muertos, al inframundo. Ahí conviviríamos con nuestra difunta parientela y todos felices. El bien o el mal no eran parámetros para saber a dónde se va después de morir. Contaba mucho la manera cómo se moría. Los guerreros que morían en combate y las mujeres que morían durante el parto eran los que aspiraban a los cielos de mayor calidad. Era importantísimo mantener el equilibrio entre la oscuridad y la luz, entre la noche y el día. Los guerreros que morían defendiendo la luz eran los más premiados después de muertos, cuando se convertían en muertos vivientes, cuando devenían fantasmas.

La política no se escapa de todo este razonamiento fantasmal. Las ideas se convierten en los fantasmas favoritos de la Ciencia Política. El hecho de que no se les vea o que no se aparezcan por ningún lado por décadas o cientos de años no quiere decir que hayan muerto para siempre. Igual y se les da por muertas, pero las ideas cabalgan con diferentes ritmos e intensidad por el mundo de la política, de cabeza en cabeza. Jesús fue el gestor de la fantasmal y empolvada idea de la justicia social; el fantasma del hambre se enfrenta con el fantasma del comunismo; los líderes políticos y de la sociedad que son recordados y casi invocados año tras año (Juárez sigue presente en la política mexicana, gústele a quien le guste); o el político morenista que tiene el fantasma del priismo bien clavado en su esencia, en su actuar y pensar…