“Lenguaje inclusive: Todes vames a ganer”

 

Los juegos olímpicos de Tokio 2020 han concluido y con ello se vislumbran los resultados y las medallas obtenidas por los atletas. Es pertinente hacer una reflexión acerca de las posibilidades que los atletas de los países venidos de Latinoamérica han podido obtener para lograr una participación en las competencias internacionales. Alexa Moreno se convirtió en la mejor gimnasta mexicana de todos los tiempos en Tokio y ha declarado en conferencia de prensa que “Necesitamos gimnastas mejores que Alexa Moreno, necesitamos un sistema que funcione. En México estamos en el kínder de la gimnasia. Necesitamos gimnasios que estén para un nivel de élite verdadero”.

Es cierto que, en Latinoamérica, las políticas relacionadas al deporte han estado postergadas porque se le da prioridad a los asuntos de índole inmediata, como lo es la corrupción y la violencia, se invierte más en seguridad porque es una cuestión estructural que necesita atención inminente. La elite deportiva latinoamericana comienza a obtener mejores resultados, y las mujeres latinoamericanas alcanzaron su récord de medallas olímpicas en Tokio. Con seis oros, 11 platas y siete bronces, las deportistas han hecho crecer el medallero regional.

Estas deportistas han logrado llegar a Tokio, independientemente de los obstáculos que les imponen las políticas de estado y de la historia personal de cada una. Rebeca Andrade, la gimnasta brasileña que ganó el oro y la plata en Tokio procede de una familia de escasos recursos. Se ha consagrado gracias al compromiso de sus entrenadores y a una política pública eficaz. Esto ejemplifica que, si bien las políticas públicas con enfoque de género comienzan a dar resultados, aun no son suficientes para replegar la desigualdad social, que lamentablemente recae más severamente en las mujeres.

Por consiguiente, el lenguaje inclusivo se muestra como una opción de vanguardia para comenzar a cambiar la idea de inclusión. Sin embargo, el lenguaje no lo es todo y es ingenuo pensar que cambiando una letra en los vocablos las desigualdades desaparecerán. La desigualdad social a través del discurso existe, no obstante, el discurso no es la realidad absoluta y existen más factores que hacen que la desigualdad se perpetúe.

 

Si bien el discurso se manifiesta a través del habla, hay dos diferencias importantes entre lo qué es y lo qué se dice. Es conveniente comenzar a poner más atención en la manera en la cual uno se expresa con vocablos, ya que el habla tiene un alto destino. El habla es la medida de la realidad, el hombre hace suya la realidad y la mide a través del discurso. Sócrates insiste que hay una realidad fuera del habla y que el ser no es lo mismo que el pensar.

 

En el caso del deporte, las élites económicas utilizan de nuevo la narrativa de superación personal para redimir a un país sumido en la violencia racial, como lo es el caso de Brasil, o la pobre infraestructura que existe en México, para justificar las pocas medallas obtenidas. Las medallas son sinónimo de inversión en capital humano y Latinoamérica aún no se lo puede pagar y menos diciendo “todes”. Esta desigualdad no va a desaparecer hasta que los ciudadanos estén conscientes de su entorno y del porque viven la realidad que viven. Existe un clasismo institucional, un racismo institucional, un discurso institucional, que moldea la realidad y que hace que los ciudadanos las tomen por la norma. En todo caso espero que este lenguaje inclusivo no sea la norma para ser inclusivos, ya que se es más inclusivo con las acciones que con las palabras.

Araceli Fuerte Carbajal