Cada día el número de vacunados contra el COVID-19 en México y el mundo incrementa, sin embargo, tiene su proceso para que el mecanismo logre la inmunización y alcance su máximo de eficiencia, esto depende del tipo de vacuna que haya recibido cada persona.

Es necesario, tener a mano un listado de cosas que uno tiene que saber. De esta forma los inoculados tendrán claro qué tienen qué hacer y no hacer para asegurar su propia seguridad y garantizar la de los demás.

  1. El cuerpo del receptor de la vacuna se encuentra inmunizado por lo que, en principio y en teoría, tiene pocas probabilidades de desarrollar la enfermedad, sin embargo aún el contagio es un riesgo latente si la persona está en contacto con el virus. Entiendo esto como, vacuna protege para no enfermar de COVID-19 pero no evita que el SARS-CoV-2 entre en el cuerpo.

Por esta razón es importante remarcar que, aunque las vacunas tienen un alto porcentaje de efectividad y eficacia, siempre quedará la posibilidad de estar en la zona estadística residual de la ineficacia. Además, el rendimiento de una vacuna en el mundo real no siempre debe coincidir exactamente con la eficacia demostrada en el ensayo clínico.

  1. Las vacunas actuales usan como referencia antigénica la proteína S del SARS-CoV-2 que primero se secuenció, esto es, la de la corona de la cepa china original generada en Wuhan. Por eso, si se producen mutaciones que afecten a dicha proteína, puede alterarse el efecto neutralizador de los anticuerpos, ya que estos fijan al virus por la corona. Las vacunas se irán quedando obsoletas ante la inevitable evolución del virus.
  2. A consecuencia de esto, las farmacéuticas, irán incorporando las secuencias mutantes en los sucesivos procesos de fabricación de vacunas. Pero como la evolución sigue su curso sin detenerse, irán surgiendo nuevas cepas que coexistirán con las anteriores. El problema, por tanto, es que a priori no se puede saber con qué cepa de virus, en concreto, se va a contactar. Así que se corre el riesgo de contagio por una cepa nueva.
  3. Como no se están secuenciando todos los casos de COVID-19, no se sabe si las reinfecciones se deben a cepas diferentes a las causantes de la primera enfermedad o si, por el contrario, se trata de la misma y hemos perdido la inmunidad con el paso del tiempo. Por lo que, tampoco está muy clara la información con respecto a las reinfecciones.
  4. Al recibir la vacuna la persona queda inmune, pero no esterilizada. Esto quiere decir que podrá ser una fuente de contagio para las personas que no lo están, incluyendo sus pertenencias, sus ropas y todo aquello que caiga bajo su radio de acción.
  5. Debe tener en cuenta que puede estar infectado de nuevo por el SARS-CoV-2 y ser completamente asintomático. Por eso, aunque su carga viral será reducida usted puede seguir siendo peligroso para un no vacunado.
  6. No sabemos aún por cuánto tiempo será efectiva la inmunización generada por las vacunas. Recuerde que todas las investigaciones están generándose a tiempo real y todo el planeta está actuando como un macrolaboratorio donde los cobayas somos los humanos.

Entre los beneficios que se pueden resaltar al recibir la vacuna podremos encontrar que la inmunidad generada por las vacunas es muy alta, mucho más que la obtenida tras pasar la enfermedad. Es, por lo tanto, muy improbable enfermar de COVID-19 estando vacunado.

A pesar de ello, si se contagia y desarrolla la enfermedad, las consecuencias serán muchísimo más leves porque su carga viral será menor. Las primeras evidencias de los efectos protectores de las vacunas se obtuvieron en macacos (Macaca mulatta) vacunados y enfrentados de nuevo al virus. Éstas son extrapolables a nuestra especie, donde los últimos estudios avanzan que la vacunación es muy eficaz contra la infección por SARS-CoV-2.

La tasa de hospitalización es un 60% menor en los vacunados que en los no vacunados.

El hecho de estar vacunado hace que la posible infección por nuevas cepas traiga como consecuencia unos síntomas mucho más reducidos de la enfermedad. Es decir, aunque con vacuna vieja, es mucho mejor estar vacunado que no estarlo.

La vacunación masiva tiene un efecto beneficioso fundamental que con el paso del tiempo la sociedad podrá experimentar: al romperse la cadena de transmisión, se dificulta la propagación del SARS-CoV-2. Éste es el punto clave para terminar con la pandemia y empezar a relajar las molestas medidas de seguridad, como el uso de mascarillas, el mantenimiento de la distancia de seguridad o la restricción de movilidad.