El punto fino – Un virus llamado indolencia

Esta semana atestiguamos una de las más terribles tragedias que han golpeado a la sociedad mexicana, y una de las peores que ha tenido la CDMX, y que hoy en día nos tiene con un amargo sabor de boca, tanto por el terrible accidente como por la pésima reacción de algunas instancias gubernamentales, ya que no han atendido con atingencia a los afectados.

En primer término es inadmisible que se haya suscitado un incidente tan desafortunado, hoy calificado como el más doloroso en la historia reciente y el más ominoso ya que se sabía que existían riesgos y malas practicas en la construcción y operación de esos tramos de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México; va desde aquí mi solidaridad con las familias de las víctimas y un acompañamiento permanente en la búsqueda de justicia para quienes perdieron la vida y para con aquellos que aún dan la batalla en los diferentes hospitales y en sus procesos de recuperación.

Y centro mi atención en dos temas específicos, pasado ya el momento de emergencia, da una tremenda rabia y duele hasta el alma ver la displicencia, la indolencia y la falta de empatía del titular del Poder Ejecutivo Federal quien dedicó 2 minutos tan solo en su mañanera a hablar del tema, un tema en el que no puede culpar al pasado ya que el mismo y los suyos están hasta el cuello de involucrados, tal vez por eso no asistió al lugar de la tragedia, ni tampoco emitió opinión durante la madrugada, y no se le ha visto en los hospitales brindando consuelo a heridos y sus familias. No, el solo utilizó su pulpito de las mañanas para abordar levemente el tema y eso si atacar y descalificar a la prensa de estos tiempos, olvidando por cierto que Andrés Manuel ha lucrado y sacado raja política de temas muy diversos, tragedias y accidentes incluidos. Y ahora tal vez por eso es el  desinterés del Presidente López Obrador ya que es complicado para él, porque atestigua la caída a pedazos de dos de sus alfiles en la batalla sucesoria.

Por otro lado, si fue fatiga de elementos estructurales, si fallaron los atiesadores, si hubo mala calidad en los materiales, si se ejecuto la obra con una mala planeación o errores de cálculo en la construcción, o fue por un deficiente mantenimiento o un coctel de todo lo anterior, eso ya lo dirán los expertos, y exigiremos como sociedad que los peritajes vayan a fondo y no encubran responsables y se finquen las respectivas responsabilidades, es a lo mínimo que está obligado el Gobierno de Claudia Sheinbaun, y debemos estar mas que atentos de que así sea.

En tanto se despejan estas dudas, no podemos permanecer inmóviles ante una tragedia de esta magnitud ni tampoco ser cómplices silenciosos de funcionarios que han hecho de la indolencia el virus de este gobierno y una política pública ante la estulticia gubernamental, a la que parece que ya nos estamos acostumbrando y por desgracia normalizando.

El punto fino es: Veo un Presidente con rostro adusto, arrinconado y desesperado ya que sabe que culpar al pasado ya no le funciona como fórmula y menos como excusa de todos los días, así que o se asume en su papel con todas las responsabilidades o que se suma y esconda en su Presidencia egocéntrica y de mentiras.