Criterio independiente – Súper salarios

Una vez traje en mi auto a un joven de una comunidad rural. Dicho joven salía de su pueblo en búsqueda de empleo. Al pasar por las zonas residenciales exclusivas, su primera impresión me impactó y jamás se me olvidarán sus palabras de azoro.

–Ahí viven los gobernantes y políticos -dijo aquel joven de escasos recursos, convencido o tal vez seducido por el paisaje de casas sacadas de un cuento de hadas.

La mirada de aquel joven de rasgos indígenas es la impresión que anida en las mentes de las ciudadanas y ciudadanos que asocian riqueza desmedida y de dudosa procedencia con quienes ocupan cargos de representación popular y altos puestos en el gobierno.

En otra charla, Justa, una trabajadora en labores domésticas, escuchaba la conversación de dos personas que laboran en el servicio público. Al escuchar hablar acerca de quiénes podían darse el lujo de dejar de trabajar por la pandemia, sin dudarlo un segundo, Justa se metió en la plática de los servidores públicos y les dijo –ustedes pueden hacerlo porque viven del gobierno, yo no.

El comentario de Justa es la idea que se tiene en México acerca del trabajo en el gobierno, que se vive de él, pero no se vive para él, que se cobra pero que no se desquita en muchos casos.

La historia no acaba ahí. La percepción ciudadana acerca de las percepciones elevadísimas de los funcionarios gubernamentales y los representantes populares da cuerpo a una creencia muy arraigada de que existen súper salarios que son cuestionados no sólo por los trabajadores que menos ganan, sino por los ejecutivos y empresarios que consideran que no hay ninguna relación equitativa o racional entre la productividad y los descomunales salarios que se auto asignan tanto algunos políticos y como algunos gobernantes.

Una comisionista de ventas me dijo que si no vende no cobra. El responsable de catastro cobra aunque no recaude un peso o el político cobra aunque no escriba una propuesta o tenga una intervención en tribuna o comisiones.

Un director de ventas me comentó que si no alcanza las metas de la empresa, no hay recompensas salariales.

Es verdad que no hace mucho se crearon comisiones para fijar salarios en el gobierno, comisiones o consejos que engrosaron la nómina gubernamental, organismos que encabezaron títeres o floreros que jamás contribuyeron a construir indicadores o que jamás se aplicaron para fijar en una justa proporción y medianía los montos de las percepciones para que dejaran de ser súper salarios.