Detienen a la expresidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, se le acusa de “sedición y terrorismo” por los sucesos que terminaron con la salida anticipada de Evo Morales del poder y su marcha del país en noviembre de 2019.

“Informo al pueblo boliviano que la señora Jeanine Áñez ya fue aprehendida y en este momento se encuentra en manos de la Policía”, confirmó el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, desde las redes sociales.

Esta detención involucra a miembros de su Gabinete de Ministros y a la cúpula de las Fuerzas Armadas de entonces. El proceso se aceleró tras la petición de un fiscal, que cargó contra todos los jefes del Ejército y policiales que pidieron públicamente la renuncia de Morales.

Las autoridades sospechan que parte de los buscados se encuentran ya fuera del país. “La persecución política ha comenzado. El MAS (Movimiento al Socialismo, en el Gobierno) ha decidido volver a los estilos de la dictadura. Una pena porque Bolivia no necesita dictadores, necesita libertad y soluciones”, escribió Áñez en su cuenta en Twitter.

Cuando la cúpula militar forzó la salida de Morales en una conferencia de prensa quedó registrado en vídeo. Allí el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, “sugirió” al presidente “que renuncie a su mandato, permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia”. El militar justificó que tomaban esa posición por la “escalada del conflicto” que atravesaba el país frente a las protestas por el supuesto fraude en las elecciones presidenciales de octubre.

Se busca a Kaliman por presuntos actos de “terrorismo, sedición y conspiración”. También se busca al general Sergio Orellana que, como sucesor de Kaliman, ocupó el mando de las Fuerzas Armadas cuando la senadora opositora Jeanine Áñez asumió la presidencia interina del país. Orellana debe responder además por la muerte de 30 personas en unas protestas contra la mandataria interina que fueron duramente reprimidas por las fuerzas de seguridad. Por este último caso, un comandante militar y uno policial se encuentran bajo detención domiciliaria. Según las investigaciones de la Policía, el excomandante Orellana abandonó el país a fines del año pasado y ahora vive en Colombia.

Flavio Arce, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, fue el único que se presentó voluntariamente ante las autoridades y fue arrestado de inmediato. Está a la espera de acceder a la detención domiciliaria, como lo han hecho los otros altos cargos militares procesados en el pasado. Otro de los buscados es el excomandante Yuri Calderón, que en noviembre de 2019 se declaró en rebeldía contra el Gobierno de Morales. La Policía allanó sin éxito dos domicilios para dar con el excomandante. Si está fuera del país, no lo ha hecho legalmente, según los registros.

Las órdenes de detención alcanzaron también al sector político. Rodrigo Guzmán, exministro de Energías de Áñez, fue arrestado pese a que hasta ahora no estaba en la lista de acusados. Su familia denunció un “secuestro estatal”. También fue detenido el exministro de Justicia, Álvaro Coímbra. La orden de detención incluye al exministro de Gobierno Arturo Murillo; el de Presidencia, Yerko Núñez, y el de Defensa, Fernando López. El arresto de los exministros sorprendió a la opinión pública boliviana, ya que el proceso se había concentrado hasta ahora en juzgar los momentos previos a la renuncia de Evo Morales y sus causas.

Una de las aristas relevantes de este caso es la naturaleza de los delitos que se les atribuye a los detenidos. Sedición y terrorismo conllevan en Bolivia penas de entre cinco y 20 años de prisión, respectivamente. La Fiscalía se suma así a la tesis del oficialismo, que denuncia que los acontecimientos de 2019 fueron un “golpe de Estado”. La oposición ha defendido, sin embargo, que aquellos sucesos fueron tan explosivos que terminaron por arrastrar a las instituciones del orden a participar en un “levantamiento popular” contra la reelección de Morales.