Razón en Blanco – 23F y la fragilidad de la democracia

España consiguió su democracia, después de una larga y reprobable dictadura Franquista, simbólicamente, el 6 de diciembre del año 1978, fecha en la que fue ratificada su constitución y que justamente abría la puerta a unas elecciones generales libres.

Sin embargo, el 23 de febrero del año 1981, irrumpió en el Congreso de los Diputados un grupo de guardias civiles para intentar frenar la investidura de Calvo-Sotelo, elegido democráticamente en las urnas, y así, intentar dar un golpe de Estado que devolviera el poder a los nostálgicos franquistas y monárquicos radicales de la sociedad española. ¿No se quería renunciar a los privilegios de los grupos simpatizantes de la dictadura?

Aparentemente, bastaron dos minutos y medio con armas en mano y disparos al aire para “controlar” a los diputados elegidos por el pueblo español. Era una intentona nostálgica perpetrada desde la ignorancia, la ignominia y la falta de visión de futuro que, terminó por fracasar, por fortuna.

Las instituciones y su correcto funcionamiento son la base de una equilibrada organización política y un próspero desarrollo económico. Aquel día, de hace 40 años, la democracia irrumpiría con toda su fuerza y vigor, para dar paso a la libertad y al correcto y eficiente funcionamiento de las instituciones.

Prueba de ello es que hoy más que nunca, a pesar de algunos brotes de nostálgicos cuasi fascistas, la democracia española goza de una excelente salud, y me atrevo afirmar esto porque gobierna el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) en coalición con un partido político de relativa nueva creación, cosa impensable en el año de 1978.

Vaya tragedia para los nostálgicos franquistas el que los “rojos” gobiernen, pero no solo eso, sino que gobiernen bien y con excelentes iniciativas progresistas que están modernizando aún más a España, además, en momentos donde se requería y requiere de esa sensibilidad social y humana que solo el partido socialista obrero español podría tener en su liderazgo.

La transición a la democracia española ha sido un ejemplo de cómo hacer bien las cosas, incluso ante la adversidad, sin embargo, es importante no olvidar para que las nuevas generaciones, de cualquier sociedad, eviten caer en la tentación de volver a un pasado que no conocieron y, sobre todo, que no padecieron como lo sufrieron muchos ciudadanos y ciudadanas que crecieron en dictaduras y todo lo que ello representa.

La democracia española, como cualquier democracia del mundo, puede ser frágil, y pueden bastar dos minutos y medio para acabar con los sueños, la libertad, la solidaridad y la dignidad de las personas. Hoy más que nunca no podemos olvidar esos agujeros de bala que aún se pueden ver en el congreso de los diputados español en Madrid, para no repetir las tragedias del pasado, pues si lo hacemos, la factura, para cualquier país, será muy alta. De por medio están nuestras voces y nuestros sueños.