Vacunas, esperanza y desconfianza

Por: Ricardo Burgos Orozco / Latitud Megalópolis

Escuché una charla recientemente entre dos personas mayores. Hablaban sobre la aplicación de la vacuna contra el Covid; observé que estaban muy enterados, pero uno de ellos desconfiaba y el otro trataba de convencerlo, incluso le decía que ya se había registrado para recibir su dosis.

 

Apenas hace unos días el gobierno federal abrió la página https://mivacuna.salud.gob.mx para registrar a los adultos mayores de 60 años para aplicarse voluntariamente la vacuna contra el Covid. Hubo innumerables quejas porque el portal presentó fallas desde un inicio, aunque al parecer ya se regularizo.

Es normal que haya mucha desconfianza en muchos sectores de la población por la vacuna. Es un medicamento nuevo, se habla muchas cosas a favor y en contra y ahora con las redes sociales todo el mundo está más que enterado porque circulan infinidad de versiones, algunas inverosímiles como aquella de que los países poderosos quieren inocular un chip para controlar a la gente o hasta que nos van a inyectar sólo agua porque se acabó la producción del medicamento en el mundo.

Hay un caso publicado recientemente en los medios en donde la población indígena de San Juan Cancuc, en Chiapas, con casi 38 mil habitantes, rechazó la posibilidad de aplicarse la vacuna, según un oficio del alcalde José López López, dirigido a las autoridades sanitarias. La gente del lugar asegura que si se inyectan pueden contagiarse.

La vacuna es una esperanza contra un virus incontrolable y si resulta, en unos meses seguramente bajarán los contagios, los fallecimientos y podremos volver a una vida más o menos normal, sin dejar por supuesto de continuar con todas las medidas de higiene necesarias como el uso de cubrebocas, careta, lavado constante de manos y distancia adecuada entre las personas, sin abrazos, besos o saludos de mano.

Según la Organización Mundial de la Salud, las vacunas, al igual que todos los medicamentos pueden causar efectos secundarios, por ejemplo, fiebre, dolor o enrojecimiento en el lugar donde se aplicó la dosis. Raramente producen molestias más graves o duraderas como ocurrió en el caso de una trabajadora de salud en Coahuila, quien tuvo que ser hospitalizada en su momento por la reacción que le provocó el biológico.

En la actualidad ya existen siete vacunas disponibles y autorizadas contra el Covid 19. De ellas han llegado a México principalmente Pfizer – Biontech y Astrazeneca; podría ser que tuviéramos las otras en un futuro cercano como la rusa Sputnik V, la fabricada por la empresa farmacéutica Moderna y la de origen chino Cansino Bio. Al parecer todas ellas tienen una eficacia de más del 90 por ciento contra el virus.
Lo bueno es que la vacuna en México es y seguirá siendo gratuita mientras la aplique el gobierno federal; lo malo es que hace varias semanas que no llegan a México más que la sustancia activa de Astrazeneca para elaborar aquí la vacuna. Por eso, difícilmente podrá cumplirse con la programación que tanto alardea el presidente Andrés Manuel López Obrador de vacunar al mes de marzo a todos los adultos mayores. Ni siquiera se ha cumplido con vacunar a todos los trabajadores del sector salud.

Lo peor es que hay ocurrencias que nadie entiende como la de vacunar a 20 mil maestras y maestros del estado de Campeche para que estén preparados para dar clases cuando todavía es incierto el reinicio de actividades escolares de manera presencial en esa entidad y cuando están en el mismo riesgo de contagios miles de estudiantes de esos mismos maestros y maestras.

Mucha gente tiene confianza en la vacuna, pero también hay desconfianza porque no ven la certidumbre de un gobierno que convenza y dé resultados realistas, pese al discurso optimista de todas las mañanas desde Palacio Nacional.

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