Déjenme culpar a Julio Verne y a Herbert George Wells, quienes nos hicieron soñar con extraordinarias aventuras, viajes que nos transportaban a lo más profundo de la tierra, nos trasladaban al espacio exterior y nos asomaban a otros mundos, ambos con una gran genialidad, mentes creativas, padres de la ciencia ficción, quienes con sus narrativas y relatos fantásticos predijeron la aparición de inventos que hoy en día parecen futuristas.

Sin dudarlo, una de estas increíbles obras literarias de Julio Verne “Veinte mil leguas de viaje submarino”, nos conduce a un mundo de inescrutables abismos, paisajes únicos de mundos desconocidos, habitados por calamares gigantes y criaturas marinas inimaginables.

Es indescriptible pensar que más del 70% de los misterios que guarda nuestro planeta se encuentran en el fondo de los océanos, y por alguna razón no hemos alcanzado a conocer o adentrarnos en ellos, será que el temor a lo desconocido sigue siendo un factor. Enigmas que van desde mundos subterráneos hasta civilizaciones perdidas, como la Atlántida, que de ser cierto, se encontrarían en algún punto de nuestros inexplorados océanos.

Curiosamente, en medio del océano Pacífico existe una zona conocida como “El Giro del Pacífico Sur”, ésta se extiende a lo largo de 37 millones de kilómetros cuadrados, desde las costas de Sudamérica hasta Nueva Zelanda; y desde el Ecuador hasta la Corriente Circumpolar Antártica, representa el 10% de la superficie total de los océanos, y aun así, es una de las regiones menos estudiadas de nuestro planeta.

Para muchos científicos este lugar es un desierto marino, aquí las condiciones del medio divergen en contra de toda vida marina, y por mucho tiempo corrieron rumores sobre el tipo de seres vivos que habitaban el lugar, similares a los descritos por Verne y Wells.

El Giro del Pacífico Sur es uno de los cinco enormes sistemas de corrientes circulares oceánicas, estas corrientes impiden la entrada de aguas ricas en nutrientes; en su superficie se puede apreciar el agua más cristalina del mundo, pero esa es solo una señal de lo estéril que es esta región. Aunque el Giro del Pacífico Sur guarde muchos enigmas, los científicos confían en realizar más estudios de la zona, y que sus hallazgos sirvan para entender mejor cómo funciona este ecosistema y cómo afecta los ciclos vitales de la Tierra.

Ahora bien, los relatos de Verne y Wells no son del todo irreales o salidos de relatos fantásticos, para ello, regresamos al océano Pacífico, pero ahora a 972 km de la costa de Ecuador, aquí se encuentra un archipiélago conformado por siete islas mayores (Isabela, Santa Cruz, Fernandina, Santiago, San Cristóbal, Floreana y Marchena), 14 islas menores (Española, Pinta, Baltra o Seymour Sur, Santa Fe, Pinzón, Genovesa, Rábida, Seymour Norte, Wolf, Tortuga, Bartolomé, Darwin, Daphne Mayor y Plaza Sur), 64 islotes y 136 rocas, distribuidas alrededor de la línea terrestre del ecuador, a este archipiélago se le conoce como “Las Islas Galápagos”.

Las Galápagos fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1978, conocidas por su gran valor biológico y por los estudios realizados por el connotado científico Charles Darwin, que le llevaron a establecer su teoría de la evolución.

 

Estas Islas gozan de una gran biodiversidad, resultado de sus múltiples hábitats, sobresaliendo áreas desérticas -donde abundan numerosas cactáceas-, paisajes con exuberante vegetación o escenarios volcánicos, en los que destacan las tortugas gigantes, iguanas, alcatraces patiazul, fragatas, pingüinos, tiburones y leones marinos. Las marcadas diferencias medioambientales de cada isla han propiciado su endemismo, y sólo basta con admirar sus paisajes y biodiversidad para adentrarnos a los pasajes literarios de Verne y Wells

La biodiversidad de las Galápagos es un factor importante para asegurar la salud de los ecosistemas de Galápagos, por ejemplo; un ecosistema con una amplia variedad de productores proporcionará a los consumidores primarios un suministro estable y variado de alimentos. Por otra parte, cada especie desempeña un papel único en el mantenimiento del ecosistema para garantizar que este funcione sin contratiempos. Los ecosistemas con un alto nivel de biodiversidad tienen mayor capacidad de recuperarse ante cualquier desastre, ya sea natural o antrópico.

Se estima que la formación de la primera isla tuvo lugar hace más de 5 millones de años, como resultado de la actividad volcánica. Siendo las islas Isabela y Fernandina las más recientes -todavía en proceso de formación-, también de origen volcánico, la última erupción se registró en 2009. Galápagos se regenera y evoluciona; el 16 y 26 de junio del 2018 se registraron las erupciones de los volcanes “Sierra Negra” y “La Cumbre” respectivamente, siendo una muestra del proceso evolutivo constante que se vive en este archipiélago.

Es un infortunio que en los últimos años los impactos a este archipiélago han sido graves, comenzando por sobre población, visitantes -los cuales han traído consigo  especies exóticas que ponen en grave riesgo la fauna silvestre autóctona- y contaminación, esta última generada no sólo por las islas; el 90 % de estos residuos, en su mayoría plásticos, provienen de países de Sudamérica, Centroamérica y Asia, como evidencia son las etiquetas de los desechos hallados en las costas y playas. Del mismo modo el Cambio Climático es un grave problema para las Galápagos, ya que su aislamiento, dependencia en el mar y biodiversidad para la obtención de sus recursos y su topografía, lo hacen altamente susceptible, sea por el calentamiento del agua o el ascenso en el nivel del mar generarían un grave daño a la sostenibilidad del archipiélago.

 

Ante esta problemática el gobierno de Ecuador debe trabajar en crear políticas con visión a corto, mediano y largo plazo para hacer frente a los diversos impactos  ambientales que enfrentan, sobre todo, abordar de manera técnica y científica la protección, conservación y sostenibilidad de sus recursos, políticas que deben ir de la mano con los procesos de cambio de cada isla, de lo contrario, las futuras generación solo conocerán a las Galápagos como otra obra literaria de Julio Verne y Herbert George Wells.