Un mundial, un silbatazo y décadas de legado

IRENE-MUNOZ

20 DE NOVIEMBRE DE 2023. CIUDAD DE MEXICO. RETRATOS DE IRENE MUÑOZ PARA SU COLUMNA EN EL UNIVERSAL. FOTO: GERMAN ESPINOSA

Irene Muñoz.

 Dentro de ocho días, México volverá a hacer historia. Por tercera ocasión será sede de una Copa Mundial de la FIFA, algo que ningún otro país ha logrado. Durante un mes, millones de personas observarán nuestras ciudades, nuestra capacidad organizativa y la forma en que nos presentamos ante el mundo.

Y es precisamente ahí donde surge una discusión legítima. México atraviesa momentos complejos. La inseguridad sigue siendo una preocupación en diversas regiones, la economía enfrenta retos importantes y existen demandas sociales que requieren atención permanente. Ante ello, no faltan quienes cuestionan si vale la pena invertir recursos en un evento deportivo de esta magnitud.

La pregunta es válida, pero quizás la respuesta está equivocadamente enfocada.

Los grandes eventos internacionales no deben evaluarse únicamente por lo que ocurre durante su realización, sino por aquello que dejan cuando terminan. El verdadero valor de una Copa del Mundo no son los partidos, sino el legado que genera en infraestructura, movilidad, espacios públicos, deporte, turismo, inversión y calidad de vida. Los partidos duran noventa minutos; las ciudades permanecen para siempre.

 Las tres sedes mexicanas han impulsado proyectos importantes para fortalecer su competitividad y mejorar la experiencia de residentes y visitantes. Sin embargo, el caso de Nuevo León resulta particularmente interesante porque entendió desde el inicio que el Mundial debía convertirse en una oportunidad para acelerar la transformación urbana de la entidad y no simplemente en un evento deportivo de un mes.

Por ello, además de los preparativos propios de una sede mundialista, el estado ha impulsado una visión integral que busca dejar beneficios permanentes para la población.

Un ejemplo de ello son la ampliació y nueva línea del Metro. Aunque estos proyectos fueron anunciados desde 2021, años antes de que iniciara la cuenta regresiva mundialista, la llegada de la Copa del Mundo reforzó la necesidad de acelerar una infraestructura indispensable para una metrópoli en constante crecimiento.

Las nuevas líneas representan una inversión estratégica de largo plazo que permitirá mejorar la movilidad, reducir tiempos de traslado y fortalecer la conectividad de la zona metropolitana durante las próximas décadas. Pero el legado de Nuevo León no se limita al transporte. La preparación rumbo al Mundial ha impulsado una transformación urbana sin precedentes que incluye obras estratégicascomo el Puente Capullos, la Carretera a la Presa León, la modernización y pavimentación de corredores viales, la creación de parques lineales, la arborización de espacios públicos, el desarrollo de nuevos corredores verdes, los Senderos Mundialistas y los Trazos Mundialistas, una iniciativa artística que ha llevado murales de gran formato a distintos puntos del estado. A ello se suman proyectos de conectividadregional como la Carretera a La Huasteca y el fortalecimiento del corredor logístico hacia el Puente Colombia, consolidando una infraestructura que seguirá impulsando la competitividad de Nuevo León mucho después de que concluya el torneo.

Además destaca el Parque del Agua, una de las obras ambientales, recreativas y urbanas más ambiciosas desarrolladas en las últimas décadas. Ubicado junto al Estadio Monterrey, este espacio fue concebido para convertirse en un nuevo punto de encuentro para las familias, combinando belleza, sustentabilidad, recreación, paisaje y convivencia social. Más allá de su papel durante la Copa del Mundo, el Parque del Agua representa una visión de estado que apuesta por espacios públicos de calidad, con una arquitectura contemporánea y un diseño que lo perfilan como uno de los nuevos íconos urbanos de Nuevo León.

Sin embargo, el legado no se construye únicamente con concreto y acero.

Durante meses se ha desarrollado un intenso trabajo de recuperación urbana en corredores estratégicos de la zona metropolitana. Jornadas permanentes de limpieza, descacharrización, recolección de residuos, retiro de grafiti, rehabilitación de bajo puentes, mantenimiento de áreas verdes, pintura de cordones, embellecimiento de espacios públicos y mejoramiento de fachadas mediante esquemas de colaboración entre gobierno e iniciativa privada han permitido recuperar entornos que durante años permanecieron en el abandono.

Estas acciones pueden parecer menores frente a una gran obra de infraestructura, pero sonprecisamente las que transforman la experiencia cotidiana. Son las que generan entornos más ordenados, seguros y dignos para quienes viven y transitan diariamente por la ciudad.

Existe además un legado social que pocas veces ocupa los titulares, pero que probablemente será el más importante de todos. Aprovechando el impulso que genera el Mundial, Nuevo León ha fortalecido la promoción del deporte y la recuperación de espacios comunitarios mediante la creación y rehabilitación de más de 550 canchas de futbolen distintos municipios del estado. Estas acciones buscan acercar el deporte a miles de niñas, niños y jóvenes, fomentar hábitos saludables y fortalecer la convivencia social.

En la misma visión se encuentra la renovación del Parque Niños Héroes, uno de los complejos deportivos y recreativos más importantes de Nuevo León, que hoy cuenta con mejores instalaciones para el desarrollo deportivo, la recreación familiar y la formación de futuras generaciones de atletas.

Porque si algo enseñan las grandes ciudades que han sido sede de una Copa del Mundo es que el éxito no se mide únicamente por la cantidad de visitantes o por las audiencias televisivas. Se mide por la capacidad de aprovechar el evento para transformar positivamente el entorno y generar beneficios permanentes para la población.

El Mundial pasará, los reflectores se apagarán, los aficionados volverán a casa y las transmisiones terminarán. Lo que permaneceráserán las obras, los espacios recuperados y las decisiones que se tomaron durante estos años. Ahí es donde algunas sedes internacionales fracasaron y donde las ciudades mexicanas deberán demostrar que entendieron la diferencia entre organizar un evento y construir un legado. Porque la verdadera rendición de cuentas comenzará cuando termine la fiesta.

 

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