Generar o repartir la riqueza, es un dilema falso. Si únicamente se distribuye, en algún momento terminará consumiéndose. Si no se genera, es cierto, deja de haber ricos, pero inevitablemente se multiplican los pobres. Para dividir, antes hay que sumar.

El asistencialismo ha demostrado no ser la clave. Una educación que permita a los jóvenes desarrollarse y volar es mucho más efectiva que darles dinero. Apoyar a los emprendedores es más útil que repartir dádivas. Hay que crear las oportunidades para que cada persona pueda desarrollar su potencial.

La libertad es la semilla de la creatividad, la innovación, la competencia que genera mejores productos, servicios, calidad y precios. El trabajo dignifica y construye sociedades sólidas. El economista Ludwig von Mises postulaba que la intervención gubernamental en la economía es perjudicial, dado que generalmente lleva a un resultado distinto al natural, y al caos en el largo plazo. El Nobel de 1976, Milton Friedman, reflexionaba que “una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas”.

¿Deberíamos repensar la idea de un Estado paternalista? Los neocomunistas aplauden la socialización de los medios de producción y etiquetan a la empresa y el capital como los componentes más inmorales de la sociedad, como lo hizo Marx. ¿Pero de verdad es así? Tras la caída de la Cortina de Hierro, en la última década del siglo XX quedó al descubierto la pobreza extrema en que vivían las naciones que adoptaron el socialismo y la corrupción.

La China de Mao Zedong mantuvo a la nación más poblada del planeta hundida en la pobreza hasta que llegó la apertura económica. Hoy es un mercado a nivel de potencia mundial con grandes empresas que compiten con los gigantes del capitalismo occidental y una clase media pujante.

¿Qué tanto debe intervenir el Estado? La idea de una refinería a cargo de una empresa estatal y una regulación que desincentiva la inversión privada en transporte y almacenamiento de combustibles con permisos de importación de cinco años y una sola posibilidad de renovación, es un camino hacia la seguridad energética que persigue la política pública actual. Pero ¿sería la prioridad real? La Cofece había advertido que de publicarse esa norma habría consecuencias severas pues “dificultaría seriamente la competencia y libre concurrencia en la comercialización de petrolíferos”.

¿Es la estatización el camino? La experiencia en las décadas en que el gobierno mexicano fue dueño de hasta 1,150 empresas es que la mayoría no generaba utilidades antes de su privatización. La historia ha demostrado que un país que suprime el mercado o lo distorsiona, inevitablemente genera pobreza. Lo hemos visto en Venezuela y antes en Cuba.

La libertad de emprender y competir es condición necesaria para el desarrollo y la prosperidad incluyente. En contraposición, las sobrerregulaciones abren la puerta a la corrupción y al estancamiento. El arranque de 2021 y la oportunidad que da toda crisis es una gran ocasión para replantearnos el rumbo.

POR ADRIANA DELGADO
ADRIANAD16@YAHOO.COM.MX
@ADRIDELGADORUIZ