Felipe Arizmendi Esquivel

 Por: Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo Emérito de SCLC

 

HECHOS

Después de dos meses y medio de ausencia por dos graves neumonías y una complicación intestinal que padecí, agradeciendo sus oraciones por mi recuperación, me comunico nuevamente con ustedes, mientras Dios me lo permita, para compartirles este mi artículo semanal. Lo hago no por trabajo, sino por la gracia de difundir el Evangelio con la ayuda del Magisterio de la Iglesia. En esta ocasión, quiero comentar algunas partes de la reciente encíclica del Papa León XIV ¡Magnifica Humanitas! sobre la Inteligencia Artificial (IA) y la dignidad humana. Empiezo por lo más resaltante en el segundo capítulo del documento.

 

Muchos, y con razón, nos quejamos de los males de la humanidad: guerras, migraciones forzadas, crimen organizado, economía descontrolada, conflictos raciales, divisiones políticas, falta de libertades, desaparecidos, asesinatos, secuestros, robos, asaltos, discriminaciones, fraudes, controles políticos injustos, etc. A esto podemosagregar los problemas más comunes y caseros, como pleitos y separaciones conyugales, abandono de los hijos, divisiones familiares, falta de trabajo, enfermedades, falta de dinerosobre todo para alimentos y medicinas, madres que buscan a sus hijos, pobrezas en general, etc.

 

A pesar de estos y muchos otros males, que son innegables, también es necesario resaltar lo más positivo de la humanidad, pues abundan más las personas buenas y las acciones positivas, como tantos padres y madres responsables, hijos obedientes, estudiosos y colaboradores en el hogar y en la comunidad, vecinos amables, médicos y enfermeras muy atentos, profesores muy dedicados,organizaciones comunitarias, pueblos, barrios y colonias pacíficos y comunitarios, obras de beneficencia social, campesinos muy trabajadores, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas y catequistas entregados, con parroquias muyeucarísticas y apostólicas, y tantas otras personas que son ejemplares en su vida, en su familia y en su trabajo, que sería imposible enumerarlos. ¿En qué consiste la dignidad humana y quienes valen en la vida? ¿Por qué los seres humanos somos grandiosos?

 

ILUMINACION

Dice el Papa León: La Doctrina social de la Iglesia nos conduce al corazón mismo de nuestra fe: el misterio del Dios viviente, revelado en Jesucristo como comunión de personas; Padre, Hijo y Espíritu Santo: amor en relación, que se da recíprocamente y se comunica al mundo(48).En el centro de la visión cristiana del ser humano está la gran afirmación según la cual el hombre y la mujer son creados a imagen y semejanza del Dios trinitario. Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación. Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede, dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla. Por eso, la persona humana permanece siempre como el camino primero y fundamental de la Iglesia y el corazón de toda auténtica vía de desarrollo humano integral(50).

 

“El valor de la persona no depende de lo que realiza o produce; existen derechos que corresponden a todos por el mero hecho de ser personas. Ningún poder humano puede legítimamente negarlos o limitarlos arbitrariamente(51).Por lo tanto, la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada. Más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre, es decir, siempre e ineludiblemente(53).

 

“Los derechos humanos no son un añadido externo a la persona, sino una traducción histórica de su dignidad intrínseca, que la comunidad internacional está llamada a tutelar y promover(54). Los derechos humanos son inviolables, porque son inherentes a la persona humana y a su dignidad. En consecuencia, son universales e inalienables... Sería vano proclamar derechos, si al mismo tiempo no se pone en práctica todo lo necesario para asegurar el deber de respetarlos, por todos, en todas partes y para todos.  Entre estos, el primer derecho humano es el derecho a la vida, desde la concepción hasta su fin natural, sin el cual es imposible ejercitar cualquier otro derecho. Cuando este derecho fundamental es negado —como sucede con el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia— nos encontramos frente a decisiones que la Iglesia juzga gravemente ilícitas(55).“Podría suceder que derechos hoy considerados intocables, en el futuro terminaran siendo cuestionados o negados por quienes ostentan el poder, quizá después de haber obtenido un consenso sólo aparente por parte de poblaciones aterrorizadas o manipuladas(56).

Junto a una mayor conciencia del valor de toda persona humana y de sus derechos, ha crecido también el reconocimiento de los derechos de las minorías. Sin embargo, todavía hay mucho camino por recorrer para que los derechos de una gran parte, por ejemplo, los de las mujeres, estén realmente garantizados en todo el mundo. Es una realidad que doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos. Por lo tanto, no es suficiente afirmar con palabras que hombres y mujeres tienen la misma dignidad y los mismos derechos; es necesario que esto se traduzca en decisiones concretas, en las leyes, en el acceso al trabajo, a la instrucción, a las responsabilidades sociales y políticas, en el modo en el que la sociedad escucha y valora el aporte de las mujeres. Mientras exista esta disparidad, no podremos decir que la sociedad reconoce realmente y en profundidad que las mujeres tienen la misma dignidad que los hombres(57).

ACCIONES

¡Todos valemos mucho como hijas e hijos de Dios!. Aunque algunos no sean creyentes, u otros sean perversos y de mal corazón y de peores acciones, también son hijos de Dios, aunque esperamos que se conviertan y vivan con esa dignidad. Respetémonos, amémonos, ayudémonos, pues todos somos hermanos.

 

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