Estancado y aislado
Por: Vidal Garza Cantú
Durante buena parte de las décadas de 1990 y 2000, México alimentó una expectativa: converger gradualmente hacia los niveles de ingreso y bienestar de Estados Unidos. La apertura comercial, la estabilidad macroeconómica y la integración productiva con América del Norte parecían apuntar allá.
Sin embargo, veinte años después, la realidad es otra. México sigue estancado y, en muchos sentidos, cada vez más aislado de las fuentes de crecimiento que transforman a las economías más dinámicas.
La comparación con Estados Unidos es reveladora. Entre 2000 y 2017, México registró episodios en que su crecimiento superó al estadounidense, especialmente en los años previos a la crisis financiera de 2008-2009 -con tasas cercanas al 5-6 por ciento anual impulsadas por el TLCAN y la integración manufacturera- y durante la recuperación de 2010-2012. Sin embargo, desde 2018 la brecha se ha invertido y ampliado.
Mientras Estados Unidos recuperó dinamismo mediante innovación tecnológica, estímulos a la inversión y atracción de capital, México registró un crecimiento promedio anual de apenas 0.9 por ciento -el más bajo desde la década de 1980-, contradiciendo la lógica de que los países en desarrollo deberían crecer más rápido que economías avanzadas.
La explicación no está en la geografía ni en la mala suerte. Está en la productividad. Como advirtió hace décadas el economista Paul Krugman, “la productividad no lo es todo, pero en el largo plazo es casi todo”. Las economías prosperan cuando producen más valor con los mismos recursos. México lleva años sin aumentarlo.
Mientras Estados Unidos impulsó la inversión privada mediante reducciones fiscales, programas de relocalización industrial e incentivos a sectores estratégicos, México optó por una visión más centrada en la redistribución que en la expansión de la capacidad productiva. La inversión pública se concentró en proyectos de rentabilidad discutible, mientras la inversión privada enfrentó incertidumbre regulatoria, cambios de reglas, corrupción y señales contradictorias.
La evidencia regional confirma esta realidad. Los estados del norte han mantenido un comportamiento más dinámico que el resto del País. Nuevo León, Chihuahua, Coahuila y Baja California han crecido de la mano de la economía estadounidense gracias a su integración manufacturera, la llegada de inversiones y una base empresarial competitiva. En los hechos, estas regiones participan de una economía norteamericana ampliada.
En contraste, gran parte del centro y del sur continúa atrapada en bajos niveles de productividad, informalidad y escasa inversión privada. Lo paradójico es que esto ocurre a pesar de haber recibido grandes cantidades de inversión pública federal.
La lección es incómoda: el crecimiento sostenido no surge automáticamente del gasto gubernamental. Como sostenía Douglass North, las instituciones y los incentivos importan más que los desembolsos. Sin condiciones adecuadas para invertir, innovar y producir, el dinero público tiene rendimientos limitados.
La política pública moderna ha entendido una verdad: el Gobierno no genera prosperidad sustituyendo al mercado, sino creando condiciones para que millones de personas y empresas produzcan más. Esa visión ha sido defendida por autores como Michael Porter, quien subraya que la competitividad depende de la capacidad de sus empresas para innovar y elevar su productividad dentro de un entorno favorable.
México y también Nuevo León necesitan Gobiernos que asuman plenamente ese papel. La prioridad no debe ser controlar la actividad económica, sino impulsarla. Ello exige reforzar los ingresos tributarios, mejorar la calidad del gasto, simplificar regulaciones y atraer inversión para acelerar la creación de empleo formal.
La historia reciente es clara. Las regiones que producen más crecen más. Las que atraen inversión prosperan. Las que generan confianza avanzan. México no necesita más aislamiento económico ni estancamiento productivo. Necesita volver a poner el crecimiento en el centro de la agenda nacional.
vidalgarza@yahoo.com
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