Sin inteligencia financiera, no hay golpes estratégicos contra el crimen organizado
Por: Dr. Luis David Fernández Araya
Quien crea que las organizaciones criminales se debilitan únicamente con operativos en campo, no ha entendido cómo funciona el crimen organizado en el siglo XXI.
Las estructuras criminales modernas no son sólo grupos armados. Son estructuras financieras complejas. Su verdadera fortaleza no está en el territorio, sino en el dinero que les permite operar, expandirse y protegerse.
El caso de la reciente caída de los principales líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación es una prueba clara de ello.
Antes de cualquier acción operativa, en los Estados Unidos se llevó a cabo un proceso sostenido de inteligencia financiera encabezado por el Departamento del Tesoro, mediante la OFAC y el FinCEN, orientado a identificar y desmantelar las redes de financiamiento del CJNG. Empresas fachada, operadores financieros, cuentas vinculadas y mecanismos internacionales de transferencia fueron intervenidos y neutralizados.
Este proceso debilitó la estructura real de la organización.
Porque cuando una organización criminal pierde su capacidad financiera, pierde su capacidad operativa. Pierde movilidad. Pierde protección. Pierde control.
El dinero es el verdadero centro de gravedad del crimen organizado.
Lo que ocurre después en el terreno operativo es la consecuencia directa de ese debilitamiento previo. La inteligencia financiera permite ubicar estructuras, anticipar movimientos y actuar con precisión. Permite que el Estado deje de reaccionar y comience a controlar.
Ese es el modelo que hoy comienza a consolidarse en México.
La coordinación institucional impulsada desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por Omar García Harfuch, refleja una comprensión moderna de la seguridad: el combate al crimen organizado es, antes que nada, un asunto de inteligencia. Y dentro de esa inteligencia, el componente financiero es determinante.
En este proceso, la Unidad de Inteligencia Financiera cumple una función estratégica. Su capacidad para rastrear flujos ilícitos, identificar estructuras financieras y colaborar con agencias internacionales fortalece la capacidad del Estado mexicano para debilitar estructuralmente a las organizaciones criminales.
Pero este modelo debe consolidarse y ampliarse.
La Auditoría Superior de la Federación, como órgano técnico responsable de vigilar el uso de los recursos públicos, debe integrarse plenamente a esta arquitectura institucional. La fiscalización superior moderna no puede limitarse a revisar el pasado. Debe contribuir a prevenir riesgos, identificar vulnerabilidades y proteger la integridad financiera del Estado.
La inteligencia financiera no es un complemento. Es el eje central de la seguridad moderna.
Los países que han logrado debilitar de forma sostenida a las organizaciones criminales entendieron esta realidad: el combate efectivo comienza en el sistema financiero.
México tiene hoy la oportunidad de consolidar este modelo como una política permanente de Estado. Un modelo basado en inteligencia, coordinación institucional y visión estratégica.
Porque cuando el Estado controla la inteligencia financiera, el crimen organizado pierde su verdadera fuente de poder.
Y cuando pierde su financiamiento, pierde su futuro.
Dr. Luis David Fernández Araya
Colaborador Cadena Política
