La integración de Norteamérica avanza. China nos une

Por Salomón Rosas Ramírez
China une a Norteamérica. Enfrentamos una época álgida y de cambios vertiginosos.Un nuevo sistema global está emergiendo. Una nueva relación de México con Estados Unidos de América (EUA), totalmente diferente a la que conocíamos, se está construyendo.El destino de los mexicanos, de toda la nación, y de las generaciones venideras está en juego. Por ello, resulta importante precisar el sentido y la orientación estratégica de las decisiones y acciones que está tomando el gobierno del Segundo Piso de la Cuarta Transformación que encabeza la Presidenta de la República, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, dado que las implicaciones son también muy relevantes. El mundo ya cambió. La integración regional de México con Estados Unidos y Canadá avanza y se consolidará sobre nuevas bases de entendimiento en todos los planos. En ese sentido, es oportuno recuperar lo que nos planteaba el actual Secretario de Economía,Marcelo Ebrard Casaubon, cuando sostenía que “el camino de nuestro país pasa por una determinación central: ¿qué hacer con Estados Unidos? Y cuando en ese sentido, nos decía que “el camino que hemos recorrido busca exponenciar la integración económica y tecnológica para crear bienestar en nuestro país, y al mismo tiempo ampliar nuestra autonomía e identidad” (El Camino de México, pág. 238, Editorial Aguilar, México, 2023).Hay que entenderlo, la integración avanza y es plena; sus características están por definirse.
Es necesario recordar que el reacomodo económico y geopolítico inició el 2 de abril de 2025 con una DECISIÓN UNILATERAL DE EUA COMO PRIMERA POTENCIA ECONÓMICA MUNDIAL con el anuncio que hiciera Donald Trump de imponer aranceles a 180 países, y que es a partir de esa fecha que comenzó la transformación verdadera, radical y acelerada en el marco de la llamada “Guerra Comercial”. También, tener presente que ese hecho generó un ambiente de incertidumbre y que el impacto inmediato fue la caída abrupta de los mercados financieros internacionales, así como un repunte inflacionario que provoca que la amenaza de una desaceleración económica de alcance global siga latente. En ese escenario de desconfianza, la nueva era nos está imponiendo nuevos desafíos y nos ha obligado a reformular nuestras políticas comerciales en medio de un debate que cuestiona la viabilidad de las políticas proteccionistas que privilegian las prioridades internas en un sistema económico que, sin duda, se encuentra ultra globalizado.
Los datos que nos proporciona el INEGI son contundentes: China es el segundo país al que México más le compra, en 2024 la cantidad fue de 119,377 millones de dólares mientras que nuestras exportaciones fueron de 9 mil millones (déficit comercial de 110,377 millones USD) y también está el dato que refiere que de 2010 a 2024 las importaciones de México procedentes de China se dispararon y crecieron en 161% en esos catorce años. En 2025 se alcanzó un déficit récord para México con un saldo que alcanzó los 57,535 millones de dólares en la primera mitad del año. Ese solo dato es suficiente para entender que el Plan México, que fue presentado en enero por la Presidenta Sheinbaum, lo que pretende es sustituir importaciones y aumentar la producción nacional y prevé aumentar la inversión pública y privada del 25% al 28% del Producto Interno Bruto con el objetivo de convertirnos en la décima economía mundial (actualmente estamos en el lugar doce). Por su parte, en un documento de balances y retos del T-MEC publicado por El Colegio de México, encontramos que el profesor-investigador en el Centro de Estudios Internacionales y actual secretario general de esa institución, Gustavo Vega Cánovas, nos dice que “desde una perspectiva internacional, el t-mec coloca a México en una posición ventajosa frente a China, la Unión Europea, Japón e India, que continúan negociando los términos de su acceso al mercado de Estados Unidos. Para aprovechar esta ventaja, nuestro país debe adoptar medidas internas complementarias que le permitan incrementar el acceso de nuestras exportaciones al mercado estadounidense y atraer inversión que ayude a generar el nivel de crecimiento económico que tanto necesita” y que “la posición ventajosa de México, fruto de años de integración y modernización del comercio exterior, sugiere que aquellas naciones capaces de adaptarse y forjar alianzas duraderas serán las mejor posicionadas para prosperar en este nuevo orden económico mundial”.
Entonces, la integración económica de Norteamérica avanza con decisiones claras y contundentes por parte de México y respecto al nuevo sistema económico en ciernes tener presentes las palabras de la Presidenta Claudia Sheinbaum en su Primer Informe de Gobierno, cuando asevera que “quedó en el pasado la oscura noche neoliberal, modelo bajo el cual se establecía que el Estado no debía intervenir en el desarrollo ni preocuparse por redistribuir la riqueza, sino simplemente crear un entorno favorable para los negocios, confiando en que las ganancias de los inversionistas eventualmente beneficiarían a toda la sociedad” … “la lección más importante de aquel modelo económico es que el progreso sin justicia no es sostenible ni social ni económica ni políticamente, y está destinado al fracaso”. En el nuevo modelo económico el Estado es el principal promotor del desarrollo nacional. Ante un escenario tan convulso, pero con un horizonte tan nítido lo que hay que hacer está muy claro y ya lo advertía Marcelo Ebrard desde hace tiempo cuando afirmaba que “en lo que hace a la relación bilateral, debemos avanzar con la mayor predictibilidad posible, consolidar espacios por cada tema para evitar que una dificultad ponga en crisis a los demás, avanzar lo más rápido posible en los objetivos que nos unen y cimentar la reciprocidad” (Idem, pág. 240). La integración de Norteamérica avanza con decisión y China nos une. Será para bien de los mexicanos.
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