Ciberpolítica ambiental, el agua y el medio ambiente en México frente al poder de los algoritmos

Angel Duran- agua

El medio ambiente ya no solo se discute en las calles

Por Angel Gomez.

Hace apenas dos décadas, las decisiones sobre el medio ambiente nacían principalmente de estudios científicos, universidades o instituciones especializadas. Hoy, buena parte de esa conversación ocurre en redes sociales, donde millones de personas forman su opinión a partir de lo que aparece en una pantalla.

Sin darnos cuenta, dejamos que un algoritmo decida qué problemas ambientales merecen nuestra atención y cuáles pasan prácticamente desapercibidos.

Cuando el agua desaparece… también desaparece de las tendencias

México vive una de las mayores crisis hídricas de su historia. Sequías prolongadas, presas con bajos niveles, acuíferos sobreexplotados y comunidades que dependen diariamente de pipas forman parte de una realidad que afecta a millones de personas.

Sin embargo, basta revisar las redes sociales para descubrir una paradoja: el tema del agua solo se vuelve tendencia cuando una ciudad se queda sin suministro, cuando una presa alcanza niveles históricos o cuando alguna figura pública habla del problema.

Después de unos días, el algoritmo encuentra un tema nuevo y la conversación desaparece, aunque la crisis continúe exactamente igual.

El problema ambiental no terminó; simplemente dejó de generar interacción.

Los algoritmos también influyen en la política ambiental

Los gobiernos comprendieron rápidamente cómo funciona esta nueva dinámica. En muchas ocasiones resulta más rentable comunicar una jornada de reforestación con cientos de fotografías que explicar un proyecto para rehabilitar una planta de tratamiento, modernizar una red hidráulica o reducir las pérdidas de agua en una ciudad.

Las redes sociales premian lo inmediato, mientras que las soluciones ambientales requieren años de planeación, inversión y trabajo técnico.

La consecuencia es preocupante: las decisiones públicas comienzan a medirse por su impacto digital y no necesariamente por sus beneficios ambientales.

El medio ambiente necesita más profundidad y menos viralidad

La velocidad con la que consumimos información ha reducido nuestra capacidad para comprender problemas complejos. El deterioro de los ecosistemas, la contaminación de ríos, el tratamiento de aguas residuales o el estrés hídrico no pueden resumirse en un video de treinta segundos.

El medio ambiente necesita contexto, evidencia y continuidad. De lo contrario, corremos el riesgo de convertir los problemas ambientales en simples tendencias pasajeras que desaparecen cuando dejan de generar clics.

En su obra Ciberpolítica: el poder y las redes sociales, Fausto Muciño plantea cómo las plataformas digitales han transformado la forma en que se construye el poder, la opinión pública y la participación ciudadana. Esa reflexión también puede trasladarse al ámbito ambiental. Hoy, la percepción que la sociedad tiene sobre la contaminación, la sequía o la crisis del agua ya no depende únicamente de informes técnicos o de las instituciones, sino de la capacidad que esos temas tienen para abrirse paso entre algoritmos diseñados para privilegiar aquello que genera interacción. En ese nuevo escenario, la conversación sobre el medio ambiente corre el riesgo de estar condicionada más por la viralidad que por la urgencia de los problemas

Si la ciberpolítica redefine la manera en que entendemos el poder, como plantea Fausto Muciño, también redefine la manera en que entendemos las crisis ambientales. La escasez de agua, la contaminación o el deterioro de nuestros ecosistemas no deberían depender de un algoritmo para convertirse en prioridad. El mayor desafío será construir una ciudadanía que no solo reaccione a las tendencias digitales, sino que mantenga el debate ambiental vivo, informado y permanente, porque el futuro del agua en México no puede quedar sujeto a los tiempos de las redes sociales.

El futuro del agua también depende de la conversación pública

La protección del agua en México no solo requiere infraestructura, cumplimiento de normas o inversión tecnológica. También necesita una ciudadanía informada que mantenga el tema presente en la agenda pública.

Mientras la conversación digital siga dependiendo exclusivamente de los algoritmos, muchas crisis ambientales permanecerán invisibles para gran parte de la sociedad. Y aquello de lo que no se habla difícilmente se convierte en una prioridad política.

La batalla ambiental también se libra en internet

Durante muchos años pensamos que la defensa del medio ambiente ocurría únicamente en laboratorios, reservas naturales o mesas de negociación. Hoy también se libra en las redes sociales, donde un algoritmo puede decidir qué desastre conocemos, qué proyecto apoyamos y qué crisis olvidamos.

En el caso del agua, México no puede permitirse ese lujo. La crisis hídrica continuará existiendo aunque deje de aparecer en las tendencias. Por eso, el verdadero reto no consiste únicamente en proteger nuestros recursos naturales, sino en construir una conversación pública que mantenga los temas ambientales en el centro del debate, incluso cuando los algoritmos prefieran mirar hacia otro lado.