La silla eléctrica: Néstor, el Chapulín Naranja
Por: Antonio Ladrón de Guevara
“El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente.”
Lord Acton
Néstor Camarillo confirmó que buscará la alcaldía de Puebla en 2027 por Movimiento Ciudadano, aunque su cargo como senador termina hasta 2030. Una curiosa interpretación del servicio público: pedir el voto para un cargo mientras ya se piensa en el siguiente.
El antiguo soldado del PRI ahora emprende una nueva cruzada naranja, confirmando que el chapulineo sigue siendo una de las tradiciones más arraigadas de la política mexicana. Cambian los colores, pero la ambición permanece intacta.
Y mientras afina su nueva candidatura, también persisten las preguntas que suelen acompañar a quienes han formado parte de las élites políticas poblanas: transparencia, relaciones de poder y los viejos fantasmas del Triángulo Rojo. No son acusaciones, son dudas que cualquier aspirante serio debería disipar. Porque en política, la confianza no se hereda; se demuestra.
Armenta enfurece con el espejo
Cuando un gobernador ataca al mensajero, su gabinete aprende que la obediencia vale más que la verdad
En el extraño taller del poder poblano, donde los discursos prometen innovación nacional mientras los componentes llegan desde ultramar, el gobernador Alejandro Armenta volvió a revelar un rasgo preocupante de su forma de gobernar: la intolerancia a las preguntas incómodas.
Ante los señalamientos del periodista Jorge García Orozco sobre el contrato millonario otorgado para el proyecto Olinia, la respuesta no fue una explicación técnica ni una rendición de cuentas, sino el insulto. Cuando un gobernador llama «perrito» a un periodista por exhibir documentos, el problema ya no es el contrato; es la investidura.
Peor aún, el mensaje para su gabinete es claro: quien cuestione será exhibido, quien incomode será descalificado. En esa logia del poder, la crítica parece ser el único pecado imperdonable. Y cuando los gobernantes sustituyen argumentos por agravios, la transparencia termina convertida en un simple acto de fantasía política.
@AntonioLGuevara
