T-MEC 2.0: La ruta para convertir a Norteamérica en potencia de innovación
T-MEC 2.0: La ruta para convertir a Norteamérica en potencia de innovación
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Expertos proponen integrar ciencia y educación superior al tratado comercial
En el marco de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) iniciada en este 2026, especialistas proponen una evolución estratégica: transformar el acuerdo en una plataforma de conocimiento y tecnología. Sergio Alcocer Martínez de Castro, investigador del Instituto Baker, plantea que la región tiene una ventana de 20 años para consolidarse como líder global. Por consiguiente, la propuesta central es la creación del Foro Trilateral de Educación Superior, Innovación e Investigación (Fotesii), el cual operaría dentro del Comité de Competitividad para coordinar políticas de financiamiento y gobernanza tecnológica.
De acuerdo con el académico, el modelo actual del T-MEC ha priorizado la agenda comercial y las reglas de origen, dejando en segundo plano la integración científica. Sin embargo, para competir efectivamente con potencias como China y los sistemas manufactureros de Asia, Norteamérica debe transitar de la manufactura simple a la creación de valor agregado mediante el conocimiento. Gracias a esta integración, la región podría fortalecer sus cadenas de suministro y asegurar su resiliencia frente a crisis globales.
Sectores prioritarios y el rol de México en el polo de innovación
Semiconductores e Inteligencia Artificial: Los pilares del T-MEC 2.0
La estrategia propuesta identifica áreas críticas que deben recibir prioridad trilateral para garantizar la seguridad nacional y la competitividad. Por tal motivo, los esfuerzos de cooperación académica y empresarial deben enfocarse en:
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Semiconductores y Supercómputo: Esencial para la soberanía tecnológica.
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Inteligencia Artificial (IA): Motor de la nueva revolución industrial.
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Biotecnología y Energía Limpia: Sectores clave para la sostenibilidad y la salud pública.
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En este sentido, Alcocer subraya que México no debe limitarse a ser un ensamblador, sino un desarrollador de productos. Para lograrlo, el país requiere una política industrial basada en la innovación y un intenso cabildeo para convencer a sus socios de que la integración del talento y la investigación es una estrategia de “ganar-ganar”. De esta manera, el talento universitario y los centros de I+D se convertirían en el pilar habilitador de los ecosistemas de alto valor en América del Norte.
Propuestas de reforma al texto del Tratado
Los académicos sugieren modificar el Capítulo 26 del T-MEC (Artículo 26.1, numeral 5f) para formalizar la creación del Fotessi. Este foro tendría la misión de identificar y promover actividades de cooperación en ciencia y tecnología. Además, no se descarta que el T-MEC 2.0 incluya anexos bilaterales específicos (México-EE. UU., EE. UU.-Canadá) para resolver tensiones particulares, manteniendo siempre el paraguas trilateral de innovación.
Finalmente, la revisión de este año representa el momento ideal para catalizar la visión de una región integrada no solo por aduanas, sino por neuronas y patentes. Mientras las negociaciones avanzan, México debe apostar por la vinculación universidad-empresa para asegurar su lugar en el liderazgo global. En conclusión, el T-MEC 2.0 es la clave para que América del Norte evolucione hacia una plataforma capaz de liderar la economía del siglo XXI basada en el conocimiento.
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