El debate sobre el Fracking en México: ¿Soberanía o riesgo ambiental?
El debate sobre el Fracking en México: ¿Soberanía o riesgo ambiental?
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El regreso de la fracturación hidráulica en 2026
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha marcado un giro en la política energética al anunciar que Pemex retomará el uso de técnicas de extracción en yacimientos no convencionales, comúnmente conocidas como fracking. Esta decisión contrasta con la postura de la administración anterior, que mantuvo una prohibición simbólica sobre esta práctica.
Aunque el gobierno utiliza términos técnicos para evitar la palabra “fracking” —debido a su carga política y social—, especialistas señalan que el objetivo es explotar las vastas reservas de gas en el norte del país para reducir la dependencia de las importaciones.
Los desafíos: Economía, técnica y competencia
Expertos consultados coinciden en que la fracturación por sí sola no garantiza la soberanía energética de México. Óscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del IMCO, destaca tres obstáculos principales:
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Rentabilidad frente a Texas: México pretende extraer gas teniendo al lado a la cuenca de Permian en Texas, que produce el gas más barato del mundo. Competir en costos requiere una escala masiva (cientos de pozos) que actualmente México no posee.
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Limitaciones de Pemex: La petrolera estatal enfrenta restricciones financieras y técnicas que hacen casi imposible asumir estos proyectos sin la participación del sector privado.
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Regulación insuficiente: Ocampo advierte que la creación de un “comité de expertos” no sustituye a un regulador con capacidad legal y sancionadora para vigilar los impactos de esta técnica.
Profundiza este contenido con: México proyecta soberanía con el uso de fracking para gas natural
Dependencia y Transición Energética
Para la académica Aleida Azamar (UAM), la meta de la autosuficiencia es inalcanzable en el corto plazo por falta de infraestructura e inversión. Actualmente, el gas natural representa el 60% de la matriz energética de México, y el 78% de ese gas es importado de Estados Unidos.
Riesgos identificados por especialistas:
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Infraestructura obsoleta: Invertir miles de millones en combustibles fósiles mientras el mundo transita hacia renovables podría dejar a México con activos “varados” o inutilizados en el futuro.
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Impacto Social: Existe el riesgo de que el gas se destine a la exportación en lugar del consumo interno, dejando los daños ambientales en las comunidades locales sin beneficios reales.
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Falta de Diversificación: La solución de fondo, según Azamar, no es extraer más gas, sino potenciar fuentes renovables como la solar, eólica, geotérmica e hidráulica.
La estrategia oficial
El gobierno federal busca un enfoque “sustentable” para la extracción, apoyándose en la ciencia para mitigar los daños. Sin embargo, el debate técnico y ambiental apenas comienza en este 2026, mientras México intenta equilibrar su necesidad urgente de gas con sus compromisos climáticos y la realidad del mercado norteamericano.
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