Sarampión en México: riesgo de nuevos brotes

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Historia, vacunación y el desafío actual

El reciente aumento de casos de Sarampión en México ha encendido alertas sanitarias y ha reavivado el debate sobre la importancia de la vacunación. Aunque hoy se cuenta con herramientas médicas eficaces para prevenir la enfermedad, la disminución en la cobertura vacunal ha provocado un repunte de contagios que podría comprometer los avances logrados durante décadas.

El sarampión es una infección viral altamente contagiosa que se transmite por el aire y puede provocar complicaciones graves, como neumonía, encefalitis o incluso la muerte. Los síntomas suelen iniciar con fiebre, tos seca, escurrimiento nasal, dolor de garganta y conjuntivitis. Posteriormente aparece un sarpullido característico en la piel, acompañado de pequeñas manchas blancas dentro de la boca conocidas como manchas de Koplik.

Aunque muchas personas consideran esta enfermedad como leve, su impacto histórico demuestra lo contrario. Se estima que entre 1855 y 2005 cerca de 200 millones de personas murieron en el mundo por esta infección.

El sarampión en la historia de México

Los primeros registros del sarampión en México datan del siglo XVI, tras la llegada de los europeos al continente. Junto con otras enfermedades como la viruela, contribuyó a la reducción masiva de la población indígena en esa época.

Durante siglos, el virus se mantuvo presente en el país y provocó brotes frecuentes. Entre 1922 y 1974 se registraron más de 468 mil muertes asociadas a esta enfermedad en territorio mexicano.

La situación comenzó a cambiar con la aparición de la vacuna. En 1954, los científicos John F. Enders y Thomas C. Peebles lograron aislar el virus durante un brote en Estados Unidos. A partir de esa investigación, Enders desarrolló en 1963 la primera vacuna basada en un virus atenuado.

Posteriormente, en 1968, el investigador Maurice Hilleman perfeccionó la fórmula, lo que permitió crear una versión más segura y eficaz que continúa utilizándose actualmente.

En México, la vacuna se aplica en la llamada triple viral, que protege contra sarampión, rubéola y parotiditis. El esquema incluye dos dosis: la primera al cumplir un año de edad y la segunda alrededor de los seis años.

El brote que cambió la política de vacunación

El último gran brote nacional ocurrió entre 1989 y 1990. En ese periodo se registraron 89,163 casos y 5,899 defunciones, lo que obligó a reforzar la estrategia sanitaria del país.

Como respuesta, el gobierno implementó el Programa de Vacunación Universal, una iniciativa que buscaba garantizar la inmunización de todos los niños menores de cinco años.

Gracias a estas campañas, los casos disminuyeron de forma drástica. Con el tiempo, México logró obtener el reconocimiento de la Organización Panamericana de la Salud como país libre de sarampión.

Un retroceso en la cobertura de vacunación

Sin embargo, la situación ha cambiado en los últimos años. Datos recientes indican que en 2025 México reportó 6,444 casos confirmados de sarampión, mientras que hasta marzo de 2026 se registraban 5,437 casos y cinco defunciones.

Uno de los factores clave detrás del repunte es la caída en la cobertura de vacunación. La inmunización con la primera dosis de la vacuna triple viral pasó de niveles cercanos al 95 % a cifras mucho menores en los últimos años.

La pandemia de COVID-19 también influyó en esta tendencia, ya que muchos programas de salud se interrumpieron o se retrasaron. Además, algunos especialistas señalan otros factores como la disminución en la confianza hacia las vacunas, dificultades para acceder a servicios médicos y problemas en la adquisición de dosis.

El desafío de erradicar el virus

A pesar de estos retos, la erradicación del sarampión sigue siendo posible. Desde el punto de vista científico, la enfermedad comparte características con la viruela, erradicada oficialmente en 1980 por la Organización Mundial de la Salud.

Ambos virus tienen al ser humano como único reservorio natural y existen vacunas altamente eficaces para prevenirlos. Sin embargo, el sarampión presenta un desafío adicional: su capacidad de contagio es extremadamente alta.

Para detener su transmisión se necesita que al menos el 95 % de la población esté vacunada con dos dosis. Incluso pequeñas disminuciones en la cobertura pueden provocar nuevos brotes.

Ante esta situación, las autoridades sanitarias han anunciado nuevas campañas de vacunación. El objetivo consiste en recuperar niveles de inmunidad colectiva y evitar que la enfermedad vuelva a convertirse en un problema de salud pública a gran escala.

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