Columnista Edgar Mereles

Por: Edgar Mereles Ortíz

“Me han estremecido

un millón de mujeres.

Mujeres de fuego, mujeres de nieve.”

Silvio Rodríguez.

Mujeres.

Mientras escribo estás letras una mujer en México, en mis país, será asesinada. ¡No! No es dramatismo es la realidad, es una verdad que se desliza con violencia o sutileza entre nuestras vidas; es como la niebla del mar que viaja cientos de kilómetros para estrellarse a las faldas de las cumbres de Maltrata y va subiendo, cubriendo pastos, humedeciendo yerbas, abrazando los troncos de los árboles hasta cubrir sus copas. No sé ve pero sabemos que está ahí. No sé siente pero percibimos su presencia entre la piel.

Así la violencia va naciendo, empieza con sutiles palabras que buscan dominar la mente, se expresa con cuidado para que los instintos se duerman y no se alerten, se alarmen. Se convierte en delicados toques, caricias que van vulnerando la piel para que el golpe violento, la cachetada discreta, el apretón inocente, el forcejeo involuntario no lastimen pero vayan curtiendo la carne. La violencia contra la mujer surge del dominado y discreto arte de la seducción.

En los 365 días del 2025, fueron asesinadas 2798 mujeres, es decir, poco más de 7 cada 24 horas: Una mujer perdió la vida de forma violenta cada 3 horas.

En mi país las niñas de doce a diecisiete años son sometidas. Sus cuerpos sin desarrollo, sin más deseo que jugar, correr, nadar son sometidos por manos de hombres mayores de cuarenta años. Manos de lascivia, miradas de desprecio, deseos enfermos que gritan por profanar templos inocentes. Hombres infames que nada los detiene, cerdos que hacen de sus filias pederastas una sucia afición; padres de familia que bajo el argumento de vivir en la pobreza venden a sus hijas para que, con el dinero se pierdan en el alcohol.

Existe una alta incidencia en comunidades indígenas, especialmente en Chiapas, Guerrero y Oaxaca. En 2020, se registraron más de 27 mil niñas indígenas de entre 12 y 17 años casadas o unidas.

Datos de 2020 indicaron que aproximadamente 237 mil mujeres de entre 12 y 17 años se encontraban en esta situación.

No me representan.

El día de ayer Miles de mujeres en decenas de ciudades salieron a tomar calles, plazas y espacios públicos para manifestarse contra la violencia, el machismo, la exclusión, las desigualdades y discriminación que diariamente se practican en todos los ámbitos deportivos, artísticos, culturales, académicos, laborales, científicos, educativos, religiosos, profesionales, legislativos, judiciales, rurales, urbanos, familiares, sociales, políticos, económicos.

Las mujeres responden con valentía. Van caminando con rabia, enojo, coraje, miedo y esfuerzo. Los puños cerrados, los dientes apretados, la consigna contenida, la mirada fija, el cuerpo sudando y el corazón, no deja de latir. Marchan por la hermana asesinada por el esposo, por la madre que fue a escarbar tierra para encontrar a su hija o a los hijos de las madres que buscan igual que ella.

Otros contingentes optan por dejar una huella de sus pasos, quieren asegurarse que sus palabras no son volátiles y que la atmósfera se las llevará. Y toman sus latas de pintura en aerosol para trazar denuncias en las paredes de la ciudad. Y empiezan a surgir las palabras más peligrosas, las frases más temibles: Queremos vivir sin miedo. Las mujeres somos libres. Vivas nos queremos.

Otros contingentes deciden romper los cristales, destrozar las fachadas, modificar los monumentos, lastimar los templos. Porque los cuerpos de otra, de miles fueron torturados, difamados, desfigurados. Los labios fueron arrancados a mordidas. La piel fue desgarrada. Los ojos apagados a golpes. Las manos mutiladas. Los pies descalzos y fríos. Solo la bestia del apocalipsis es capaz de semejante rapiña.

Y no falta la voz que desde la comodidad de sus alcobas, viendo como la rabia contenida destroza a su paso la belleza inmobiliaria, estira su mano delicadamente manicurada, toma su iPhone 17, abre su tik tok, y con suavidad desliza sus dedos sobre el teclado y sentencia: no me representan.

Y tiene razón, la pobreza humana es impresentable.

Ciudad de México a 9 de marzo del 2026.


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