Libertarios contra la igualdad
Por: Antonio López
En un texto que ya es clásico, Tzvetan Todorov encontró que la democracia ya no tenía enemigos externos, sus enemigos ahora estaban dentro de los valores de la democracia, los llamó: “los enemigos íntimos”. Estos enemigos son los excesos de tres principios: pueblo, libertad y progreso. El primero deviene en populismo, el segundo en ultraliberalismo, y el tercero en mesianismo. Quiero enfocarme en el segundo, porque el neoliberalismo es una de las corrientes ideológicas, políticas, económicas y culturales que amenazan a las democracias occidentales, pero recientemente ha surgido una nueva corriente ideológica que también representa un peligro y cuyo eje discursivo es la libertad: el libertarismo, cuyos principales exponentes encontramos en jefes de Estado como Javier Milei, ideólogos como Agustín Laje, Gloria Álvarez o Axel Kaiser y en México, uno de sus más férreos defensores es el empresario Ricardo Salinas Pliego, quien además fundó una universidad para reproducir esta ideología.
En días recientes, Salinas Pliego publicó en sus redes sociales una imagen hecha con inteligencia artificial con la leyenda “la igualdad es el peor enemigo de la libertad”. La idea no es sólo retórica, desnuda el programa político bajo el cual los libertarios pretenden organizar el espacio público, la desigualdad y la competencia son el motor de esta corriente de pensamiento, pero ¿por qué es peligroso para la democracia?, en principio, porque la igualdad es uno de los pilares fundamentales de la democracia junto con la justicia.
Para empezar, la igualdad tiene 3 ejes que la sostienen, el primero es económico, tiene que ver con la distribución de la riqueza y la renta, lo que se busca cuando hablamos de igualdad en materia económica no es que todas y todos ganemos lo mismo, pero sí que la distancia entre quien gana el mínimo y quién tiene los mayores ingresos no sea abismal como lo es hoy en día. El economista francés Thomas Piketty ha dicho que una relación de 1 a 5 sería lo ideal y una relación de 1 a 10 sería tolerable, es decir, quien gana 1 salario mínimo sabrá que las personas que más ingresan tienen entre 5 y 10 salarios mínimos, hoy esa distancia puede alcanzar una relación de 1 a 100 o de 1 a 200, dependiendo el país.
El segundo eje de la igualdad tiene que ver con la igualdad política, en países como el nuestro sabemos que una persona un voto, sin embargo, reducir la participación política al sufragio deja fuera del juego otros aspectos, por ejemplo, hay una desigualdad en cuanto a la forma en la que somos o no escuchados, al poder ejercido contra las autoridades o la forma en la que nuestra participación es tomada como válida o no por los gobiernos. Pienso por ejemplo en las colonias que padecen escases de agua y que a unos metros tienen campos de golf, que consumen cientos o miles de litros de agua para su mantenimiento, los primeros pueden quejarse, sin embargo, su voz y su fuerza para cambiar las cosas siempre será menor que quienes pertenecen a esos clubs privados que albergan políticos y empresarios.
Por último, la igualdad tiene también un componente vinculado con la dignidad. El discurso económico dominante dice que quienes más se esfuerzan son quienes tienen mejores condiciones de vida, más acceso a salud, educación y empleos mejor pagados, hay estudios que contradicen esa ideología, sin embargo se repite por todos lados, haciendo que quienes no consiguen mejorar su vida se sientan frustrados y se culpen a sí mismos del fracaso del sistema. Esa desigualdad lleva a que quienes están arriba tengan un mayor poder de negociación frente a quienes no tienen nada y en consecuencia, los últimos terminarán aceptando las condiciones que les impongan, aunque sean denigrantes o humillantes.
Que sea un empresario el que promueve la idea de que la igualdad es un peligro para la libertad nos deja claro que los libertarios conciben la política como un ejercicio para perpetuar una desigualdad que atenta contra mejores condiciones laborales, salariales, de acceso a educación, salud infraestructura urbana y en donde los más desfavorecidos tienen una voz que no se escucha en donde se toman las decisiones para organizar el bien público. Esa es la ideología que crece en América Latina y que empieza a tener eco en nuestro país, señalarlo es empezar a discutir sobre cómo deseamos que se diseñen las políticas públicas en México.
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