Un juez federal de Estados Unidos concluyó que Meta no frenó la competencia cuando adquirió Instagram y WhatsApp, una decisión que otorgó a la empresa una victoria temprana frente a la ofensiva antimonopolio que impulsó el gobierno estadounidense desde el primer mandato de Donald Trump. El fallo desmontó la intención de la FTC de revertir esas compras o de obligar a la compañía a desincorporarlas para, según la agencia, devolver dinamismo al mercado de redes sociales.
Según la resolución, el juez James Boasberg señaló que los argumentos de la FTC exigían interpretaciones muy amplias de la legislación vigente. Además, recordó que desde etapas iniciales él ya advertía que el caso implicaba un desafío jurídico complejo para el regulador.
¿Qué buscaba la Comisión Federal de Comercio?
La FTC insistió en que Meta debilitó la competencia al absorber plataformas emergentes que podían desafiar su dominio. Sin embargo, la empresa sostuvo en el juicio que integrar compañías con funciones innovadoras forma parte de una estrategia empresarial legítima. Afirmó que su modelo de crecimiento no elimina rivales de manera indebida, sino que complementa su ecosistema digital.
Asimismo, Meta señaló que la FTC ignoró la presión que ejercen competidores directos como TikTok, propiedad de ByteDance; YouTube, de Google; y la aplicación de mensajería de Apple, que influyen de manera constante en el mercado. La compañía aseguró que la dinámica competitiva real incluye a actores poderosos que evolucionan con rapidez.
Además, el fallo llega en un momento en el que la FTC también impulsa un proceso de gran calibre contra Amazon, como parte de una estrategia más amplia para revisar el comportamiento de las grandes tecnológicas en Estados Unidos.
¿Qué implica esta decisión para Meta y el sector?
La resolución representa un revés significativo para la FTC, ya que buscaba marcar un precedente sobre la regulación de adquisiciones tecnológicas realizadas hace más de una década. Aunque el regulador puede apelar, la decisión fortalece la posición legal de Meta y complica futuros intentos de obligarla a desprenderse de Instagram o WhatsApp.
Mientras tanto, la discusión sobre el poder de las grandes corporaciones tecnológicas continúa. A pesar de esta victoria, Meta sigue enfrentando un ambiente regulatorio más estricto y un escrutinio constante por parte de legisladores y organismos de vigilancia.
En un contexto donde los gobiernos revisan cada vez más el peso de las plataformas digitales en la economía y en la vida pública, el fallo modifica el panorama, pero no reduce la tensión entre reguladores y gigantes tecnológicos. Por ahora, Meta consigue un respiro, aunque la disputa por el control del mercado digital continúa abierta.

