Crisis aérea en EE. UU.: aerolíneas bajo presión por falta de controladores
Los aeropuertos de Estados Unidos enfrentan una de las peores crisis en años debido a la escasez de controladores aéreos, que siguen trabajando sin recibir salario por el cierre del gobierno federal. Una situación que ha generado retrasos y cancelaciones en todo el país. El problema se agravó con el cierre parcial del gobierno federal, que ha retrasado pagos y procesos administrativos, afectando la operatividad del sistema aéreo.
El domingo 2 de noviembre, la Administración Federal de Aviación (FAA) ordenó una paralización temporal de operaciones en el aeropuerto de Newark Liberty, uno de los más transitados del país. El promedio de espera supera las tres horas, y las demoras también alcanzaron a aeropuertos como Orlando y Atlanta.
Según el sitio FlightAware, solo el fin de semana se registraron más de 7,000 vuelos afectados. Aunque la FAA mantiene los estándares de seguridad, admitió que los recortes de personal y la alta demanda complican las operaciones.
Aerolíneas con fallas en la respuesta
El secretario de Transporte, Sean Duffy, reconoció que la situación “seguirá siendo difícil” mientras no se normalicen los pagos y procesos federales. Sin embargo, apuntó que las aerolíneas también deben mejorar su planificación, ya que muchas operan al límite de su capacidad y con escasos márgenes de contingencia.
Expertos del sector coinciden en que el rápido crecimiento del tráfico aéreo tras la pandemia ha sobrepasado la capacidad logística de varias compañías. Algunas aerolíneas no han reforzado sus plantillas ni actualizado sus sistemas, lo que agrava el impacto de cualquier disrupción.
En busca de soluciones
La FAA pidió al Congreso avanzar en una resolución presupuestaria temporal que permita normalizar pagos y capacitar nuevo personal. Mientras tanto, las autoridades mantienen un esquema de control reducido para priorizar la seguridad de los pasajeros.
A pesar de las dificultades, los aeropuertos continúan operando y las aerolíneas trabajan para reprogramar vuelos y reducir los tiempos de espera. Según la FAA, la prioridad sigue siendo “garantizar que cada vuelo despegue y aterrice de manera segura, incluso si eso significa hacerlo más lento”.
