Nicolás Romero vive entre miedo e inseguridad
Un nuevo hallazgo que sacude al municipio
La inseguridad en Nicolás Romero volvió a generar alarma entre los habitantes. En la colonia Independencia, las autoridades encontraron una fosa clandestina con restos humanos que podrían pertenecer a dos personas. El hallazgo ocurrió durante un operativo conjunto entre la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), la Guardia Nacional y el colectivo “Luz, Fuerza y Lucha por Nuestros Desaparecidos”.
Los peritos ampliaron el área de búsqueda al descubrir extremidades humanas en los alrededores, lo que sugiere que podrían existir más cuerpos enterrados. Mientras tanto, la zona permanece acordonada y bajo vigilancia constante para evitar la contaminación del sitio. Los especialistas analizan los restos con la intención de identificar a las víctimas y conocer las causas de muerte, un proceso que podría tardar varios días.
Un patrón de violencia que no se detiene
Este nuevo hallazgo se suma a una larga cadena de hechos violentos que han afectado al municipio. En abril de 2024, las autoridades localizaron dos fosas con diez cadáveres en San José del Vidrio. Meses después, en octubre del mismo año, aparecieron cuatro cuerpos más en un paraje limítrofe con Jilotzingo.
Además, el municipio enfrentó uno de sus escándalos más graves cuando 17 policías, incluido el entonces director operativo Adrián Mauricio Sánchez, fueron detenidos por presuntos vínculos con grupos criminales. Desde entonces, los habitantes denuncian que la presencia del crimen organizado se ha fortalecido, mientras la seguridad pública parece debilitada.
Las fosas clandestinas se han convertido en una muestra de impunidad que golpea con fuerza a las familias de desaparecidos. Los colectivos insisten en que el gobierno municipal y estatal han fallado en la prevención y en la búsqueda de justicia para las víctimas.
Reclamos ciudadanos y ausencia de autoridad
Mientras las familias viven con temor y desesperanza, la alcaldesa Yoselin Mendoza enfrenta críticas por concentrar su atención en eventos culturales como los festivales del Día de Muertos, en lugar de atender la crisis de inseguridad que atraviesa su municipio.
Los colectivos de búsqueda exigieron la creación de un plan permanente de localización e identificación de víctimas, así como mayor coordinación entre los tres niveles de gobierno. Consideran que Nicolás Romero se ha convertido en un “cementerio a cielo abierto”, donde las autoridades locales parecen incapaces de frenar la violencia.
La comunidad pide acciones urgentes y resultados concretos, no discursos ni festividades. Cada nueva fosa reabre el dolor de quienes buscan a sus seres queridos y evidencia una realidad: Nicolás Romero vive entre el miedo y la indiferencia oficial.
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