NASA mantiene Artemis pese al cierre del gobierno de EE. UU.
El cierre parcial del gobierno estadounidense en octubre de 2025 ha tenido un impacto inmediato y profundo en la NASA, una de las agencias federales más dependientes del presupuesto público. Desde el primer día, la institución espacial envió a casa a cerca de 15,000 empleados, lo que equivale al 83 % de su fuerza laboral federal. Solo el personal catalogado como esencial permanece en funciones, encargado de proteger la vida humana, garantizar la seguridad de las instalaciones y mantener la operación de la Estación Espacial Internacional (ISS).
La suspensión de actividades afecta sobre todo a oficinas administrativas, laboratorios de investigación y proyectos considerados no críticos, lo que implica retrasos en experimentos científicos, en el análisis de datos y en varios contratos tecnológicos en curso. La comunidad científica teme que, si la paralización se prolonga, las pérdidas en tiempo, talento y financiamiento sean difíciles de recuperar.

Desafíos
Sin embargo, existe una excepción clave: el programa Artemis, destinado a llevar de nuevo astronautas a la Luna y establecer presencia humana permanente en su superficie. El gobierno estadounidense lo ha definido como un proyecto estratégico, no solo por sus implicaciones científicas y tecnológicas, sino también por su valor geopolítico en la nueva carrera espacial frente a potencias como China.
En este contexto, alrededor de 3,000 empleados de la NASA permanecerán activos de manera excepcional para asegurar que el desarrollo de Artemis II —misión tripulada que orbitará la Luna— y Artemis III —primer alunizaje programado para esta década— continúe sin contratiempos. De acuerdo con funcionarios de la agencia, detener estos avances representaría un retroceso irreparable en los objetivos a largo plazo de exploración lunar y marciana.
No obstante, los riesgos no desaparecen. El cierre amenaza con frenar gran parte de la investigación científica de la NASA, desde proyectos de astrofísica hasta estudios del cambio climático. Además, las propuestas de presupuesto para 2026 ya contemplan recortes severos en las áreas de ciencia planetaria y observación de la Tierra, lo que genera incertidumbre en la comunidad investigadora.
Expertos advierten que un periodo prolongado de inactividad puede provocar fuga de talento hacia el sector privado o incluso hacia programas espaciales de otros países. También señalan que la estabilidad del programa Artemis depende de mantener el consenso bipartidista en el Congreso, algo que podría ponerse en riesgo si la crisis política se prolonga.
En conclusión, el cierre del gobierno paralizó a la NASA, pero el programa Artemis sigue en pie, sostenido por su relevancia estratégica y por el compromiso de asegurar el regreso de la humanidad a la Luna en esta década.
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