Rusia busca duplicar ingresos por granos en 2026
Rusia, el mayor exportador de trigo del mundo, prevé incrementar casi al doble los ingresos fiscales por la exportación de cereales en 2026, según documentos del Ministerio de Finanzas. La recaudación pasaría de 76.400 millones de rublos en 2025 a 135.500 millones en 2026 (aproximadamente 1.600 millones de dólares).
El impuesto a los granos, introducido en 2021 para proteger al mercado interno de las alzas de precios, se calcula semanalmente como el 70% de la diferencia entre el precio base oficial y el precio de mercado.
¿Qué impacto tiene en los agricultores?
El gravamen ha generado malestar entre los productores rusos, quienes argumentan que la medida resta competitividad a las exportaciones y reduce la rentabilidad del trigo. De hecho, en septiembre se registró una caída del 20% en las exportaciones.
Ante este escenario, algunos agricultores han optado por diversificar sus cultivos hacia productos más rentables, como el girasol, cuya siembra alcanzó un récord de 11,2 millones de hectáreas en 2025. Los analistas esperan que en 2026 se registre una cosecha histórica de esta oleaginosa.
¿Por qué Rusia busca más ingresos?
El Gobierno enfrenta un déficit presupuestario estimado en 2,6% del PIB este año. Con ello, el Kremlin busca asegurar financiamiento para su operación militar en Ucrania y para programas sociales internos.
Además del impuesto a los cereales, el Ministerio de Finanzas propuso elevar el IVA del 20% al 22%, lo que contrasta con la promesa del presidente Vladimir Putin de no realizar grandes cambios fiscales antes de 2030.
En el sector agrícola, Rusia planea exportar entre 53 y 55 millones de toneladas métricas de cereales en 2025/26, de las cuales entre 43 y 44 millones serían de trigo. También se prevé extender hasta 2028 el actual impuesto a la exportación de aceite de girasol y semillas oleaginosas, con el objetivo de proteger el mercado interno.
¿Qué panorama se anticipa?
Aunque los ingresos por cereales representan apenas el 0,4% del presupuesto nacional —muy por debajo de lo que generan el petróleo y el gas—, la medida refleja la urgencia del Gobierno ruso de diversificar sus fuentes fiscales. Sin embargo, persiste la tensión con los productores agrícolas, quienes ven en estos impuestos un obstáculo para competir en el mercado global.
