Problema que se soslaya, estalla

Edgar Mereles columnista

“Una oración”.

Hermenegildo García.

En estos momentos que escribo las siguientes líneas, un puñado de seres humanos luchan por preservar sus vidas, otras han fallecido, muy pocas ya están en su casa; son noventa y cuatro víctimas de la explosión de una pipa que transportaba gas en las avenidas que conectan a la ciudad con el Oriente del Estado de México.

Lo primero que debemos entender de la tragedia es que fue un lamentable accidente, un hecho en el que la natural y limitada condición humana, la pericia y el talento muy probablemente queden en entredicho.

La vida de la ciudad esta plagada de riesgos en todo momento, la densidad poblacional, la movilidad constante, los ritmos laborales, educativos, burocráticos, empresariales, comerciales, el tráfico de todo tipo de materiales y personas hacen que los riesgos, la constante y multitudinaria presencia de miles de personas y de todo tipo de vehículos en las vías de la megalópolis, sean factores permanentes que elevan la posibilidad de que seamos victimas o protagonistas de algún tipo de accidente.

Lo segundo que quiero establecer es la experiencia, capacidad de reacción y solidaridad y resiliencia de los habitantes de la capital.

Es conmovedor observar a las personas acarreando agua, juntando tierra para apagar el fuego de los vehículos afectados por la explosión. Se mueven las emociones cuando conocemos los testimonios de los vecinos cercanos a la conflagración que asistieron y otorgaron los primeros auxilios a cuerpos quemados, heridos. Es impresionante ver a capitalinos llevando alimentos y bebidas a los familiares de los hospitalizados. La solidaridad es ejemplar y cubre los más elevados niveles de integridad. De no ser por la calidad humana de sus habitantes, esta ciudad hubiera muerto en mas de tres o cuatro ocasiones.

Tercero punto. Los accidentes no se pueden evitar, pero si se pueden mitigar. Mientras veía las impactantes imágenes de la explosión, recordaba que en el gobierno de Oscar Espinoza Villareal se presentó una iniciativa para normar el tránsito de personas, combustibles, productos de todo tipo riesgo, pero todo quedó en una intensión. En el gobierno de Marcelo Ebrard se presentó otra iniciativa para reformar y adicionar la ley de movilidad mediante la cual se pretendía legislar sobre los horarios y tipos de tránsito que se deberían de realizar en la Ciudad de México. Tampoco prosperó.

Lamentablemente, en aquel entonces, ganaron los cabilderos de las empresas transportistas. Recuerdo que tuve una conversación con mi difunta amiga Irma Ortiz que trabajaba para una organización de transportistas, en aquel entonces me decía que la ley debería de poner orden, pero no imponer medidas que solo generarían corrupción por su rigidez e inviabilidad. Yo le argumentaba que el descontrol llevaba al caos, que no había antes ni ahora gobierno en las calles de la ciudad, que no podemos cargar más la vías primarias de vehículos privados, transporte público y de carga sin una planeación con una visión de largo plazo.

El problema no es limitativo de la Ciudad, tiene que ver con la megalópolis del Valle de México, se deben de atender las necesidades de movilidad de seis entidades y dos millones de vehículos que en promedio transitan por esas vías diariamente. El Puente La Concordia es parte de un nudo neurológico de la Ciudad con el Estado de México, es un punto de convergencia y dispersión de todo lo que se transporta de ida y vuelta desde Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Puebla, Tlaxcala al centro del país.

Es vital que la seguridad y aplicación de controles y protocolos en materia de movilidad en toda la megalópolis del centro del país sean considerados como instrumentos para la seguridad nacional. No es posible que en las mismas vías y horarios convivan camiones de transporte escolar, público y de salud con pipas de combustible, materiales peligrosos y carga pesada. La movilidad vive una grave crisis.

Los accidentes son consecuencias de los errores humanos. El 19 de noviembre de 1984 San Juanico puso el dedo en la llaga sobre el crecimiento descontrolado de la mancha urbana; la explosión de la alcantarilla de unas calles de Guadalajara el 22 de abril de 1992 abrieron la discusión sobre los ductos de combustibles de PEMEX en las zonas urbanas; los terremotos de septiembre de 1985 y 2017 desnudaron la corrupción y negligencia en materia de construcción en ciudades paradigmáticas del país.

Los lamentables hechos en el puente vehicular “La Concordia” vuelven a colocar en la conversación y el debate la urgente necesidad de ordenar y gobernar los elementos vitales de la movilidad de la ciudad, la metrópolis y megalópolis. Algunas tragedias son el resultado de problemas que se soslayan y ahora, estallan.

Zurcido invisible:

Para algunas personas la vida es una trágica ironía, es el caso del activista y promotor al derecho a vivir con armas de fuego y defenderse en EE. UU. Charlie Kirk fue asesinado por un francotirador, colocándole un certero proyectil en la carótida. La ultraderecha norteamericana ha recibido un violento golpe al ser asesinado uno de sus exponentes con mayor futuro.

No sé porque tengo la sensación de que, con este homicidio, un proyecto de liderazgo político con la mayor influencia para el futuro alguien o algunos decidieron darle fin.

En este violento caso la pericia, los conocimientos, el control humano y talentos del homicida fueron impecables, hasta parece que el tirador goza del entrenamiento y manejo de armas que pocas instituciones del gobierno norteamericano pueden brindar, pero nadie me podrá convencer de que fue cosa de un aficionado y la improvisación.

Falta esperar las reacciones de sus seguidores y fanáticos, empezando por Donaldo Trump.

Edgar Mereles Ortíz.

Ciudad de México a 11 de septiembre del 2025.