Las mujeres y sus clubes: entre el café de amigas y la geopolítica del poder
Por: Ana Karina Fernández
En México hay algo más influyente que un empresario en Polanco con escolta y más poderoso que un político que promete “transformar” todo: un grupo de mujeres decididas a impulsarse entre ellas. Sí, esas mismas a las que durante décadas les dijeron que “juntarse a platicar de sus cosas” era pérdida de tiempo. Resulta que ahora esas sobremesas estratégicas y esos clubes de “mujeres empoderadas” son, en realidad, el epicentro de donde se cocinan negocios, alianzas, campañas y hasta rescates de reputación política.
Porque pertenecer a un club de mujeres en 2025 no es un hobby: es un activo de poder. Y uno muy valioso, además.
El mito del networking masculino y la realidad femenina
Durante siglos, se nos dijo que el networking era cosa de hombres: el cigarro en el club de golf, la carne asada de domingo con socios o la cena de whisky y habanos. Mientras tanto, las mujeres eran reducidas a “hacer relaciones” en bodas o baby showers. Spoiler: esas “relaciones” han evolucionado y hoy, juntas, las mujeres construyen estrategias más efectivas que cualquier junta de consejo de la vieja escuela machista.
La diferencia es que cuando las mujeres se organizan en clubes, no solo intercambian tarjetas. Se comparten oportunidades, se recomienda al despacho legal correcto, se fondea a la amiga que tiene un proyecto social y se arma la agenda pública que después la prensa presume como “tendencia nacional”.
El caso G100: de club a think tank global
Dentro de esa jungla de clubes femeninos hay de todo: desde las reuniones de café con discursos de sororidad tipo “coach motivacional”, hasta verdaderos think tanks globales. Y aquí es donde entra el Club G100, uno de los más sólidos y de mayor impacto.
El G100 no es un club de té, ni un espacio de Instagram para posar con “girl power” en dorado. Es una red global que reúne a mujeres líderes en cien sectores estratégicos: desde comunicación y diplomacia hasta tecnología, energía o aviación. En México, se ha consolidado como uno de los nodos más importantes porque conecta a empresarias, activistas, políticas, diplomáticas y creativas que entienden que el verdadero poder no se presume: se ejerce.
La ironía de pertenecer
Claro, siempre hay quien dice: “y para qué necesitas un club si ya eres exitosa?”. La respuesta es tan simple como cruel: porque sola, por más brillante que seas, llegas hasta cierto techo. En cambio, con un grupo que te respalde, la historia cambia.
Un ejemplo práctico: si eres abogada penalista y quieres internacionalizar tu firma, probablemente sola tardes años. Pero si perteneces al G100, donde hay desde diplomáticas hasta CEOs de aerolíneas, tu agenda se acelera a velocidad ejecutiva. Así, lo que parecía networking, se convierte en estrategia global.
México: terreno fértil
En un país donde el machismo sigue cotizando al alza y las mujeres apenas empiezan a recuperar terreno en política, empresas y cultura, pertenecer a estos clubes es más que un lujo: es un blindaje. Es el lugar donde una mujer puede hablar de inversión, liderazgo o diplomacia sin que la interrumpan con el clásico “tranquila, no te alteres”.
En México, ser parte de un club como G100 es como tener un seguro de poder: te respalda, te conecta y te posiciona. Y no, no es exageración. Basta ver cuántos proyectos filantrópicos, cuántas empresas de alto nivel y cuántas candidaturas han encontrado respaldo en estas redes.
Lo que de verdad molesta
La parte más divertida… o más incómoda, según quién lo lea, es que estos clubes femeninos incomodan al viejo orden. La razón? Porque funcionan. Mientras muchos grupos de hombres se desgastan en egos y pleitos de poder, las mujeres están aprendiendo a capitalizar sus talentos y a monetizar sus causas.
Y sí, seguramente alguien dirá que esto es feminismo “elitista”. Pero prefiero un feminismo elitista que logra abrir puertas, a un feminismo de meme que se queda en TikTok… o en casa!
Pertenecer a un club de mujeres en México hoy no es opcional: es un acelerador de influencia. Y dentro de ellos, el G100 es uno de los referentes más serios, globales y efectivos. Así que, si alguien todavía piensa que estos espacios son “reuniones de señoras”, que se vaya acostumbrando: el futuro del poder femenino se cocina ahí, entre networking estratégico y café de especialidad.
Hoy las mujeres tenemos más fuerza y alcance cuando entendemos que la sororidad no se queda en un “abrazo solidario” con hashtag, sino que se institucionaliza. Traducido: dejamos de improvisar y convertimos la ayuda mutua en un modelo ejecutivo, con estructura, presupuesto y estrategia. La empatía ya no es un gesto romántico, sino un recurso de gestión. Y ahí está la clave: cuando la sororidad se vuelve práctica corporativa, multiplicamos resultados. No solo somos amigas, somos aliadas con plan de negocios. Y eso, queridas y queridos, es lo que más asusta al viejo club de Toby.
Just saying…
