Por Pedro Alvirde García
Apreciables amigas y amigos, vivimos un escenario donde se mezcla la confusión con la intención de mantenernos en constante tensión. Sin embargo, las fichas del juego están a la vista; solo falta cuadrar las últimas reglas del nuevo tablero.
Para ciertos personajes innombrables de la política nacional, la llegada del embajador estadounidense Ronald Johnson a México en abril pasó casi inadvertida. Se olvidaron de su trayectoria en la CIA, su experiencia en inteligencia y tecnología, y su especialidad en estrategias contra el narcotráfico y el terrorismo. Su paso por El Salvador junto a Nayib Bukele marcó un precedente: en pocos meses lograron pacificar la nación, generando opiniones encontradas, pero con resultados visibles.
México y la tecnología estadounidense
En esta columna lo hemos repetido: mientras en México “tenemos otros datos”, en Estados Unidos hay investigaciones y expedientes abiertos. Nuestro vecino del norte cuenta con tecnología de última generación, desde geolocalización satelital hasta reconocimiento de voz, así como microchips que permiten rastrear objetivos específicos. Además, manejan sistemas de inteligencia artificial capaces de detectar movimientos financieros sospechosos casi en tiempo real.
No es casual que recientemente el Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, confirmara el sobrevuelo de un dron estadounidense en coordinación con el Gobierno de México sobre zonas del sur del Estado de México y límites con Michoacán. El objetivo: obtener información precisa sobre un grupo criminal. Si el ejército mexicano no cuenta con evidencia suficiente, Estados Unidos la proporciona.
La historia ofrece ejemplos similares. Hace 17 años, la “Operación Jaque” en Colombia liberó a 15 secuestrados, incluidos tres ciudadanos estadounidenses. El operativo empleó tecnología de punta para detectar a los captores en selvas y cuevas. Hoy, con la cantidad de drones disponibles, estos operativos pueden realizarse de forma simultánea y silenciosa.
Política, seguridad y discursos
El gobierno mexicano busca mantener relaciones estables con Washington. El envío de 26 reos del crimen organizado a Estados Unidos fue presentado como un gesto de cooperación. Sin embargo, muchos señalan que solo se extradita “cascajo” y no a los políticos que durante años dieron protección a estos grupos.
En medio de este contexto, el Día Internacional de la Juventud dejó una escena digna de mención: Ana Karen Sotero, Premio Nacional de la Juventud, reclamó a los legisladores por su falta de políticas públicas para proteger a niños y niñas del crimen organizado. Sin tarjetas ni guiones, señaló su desinterés y la falta de respeto durante su intervención. Un discurso ignorado en medios oficiales, pero que representa la voz valiente que el país necesita.
Escándalos y exhibiciones públicas
Mientras tanto, el diputado Gutiérrez Luna y su esposa han sido señalados por mostrar en redes sociales prendas y bienes valuados en unos 5 millones de pesos, cifra que no concuerda con sus ingresos ni con sus declaraciones patrimoniales. La evidencia técnica de su estilo de vida sigue acumulándose, y tarde o temprano deberá aclararse.
En resumen, el tablero político se mueve entre acuerdos tácitos, tecnología de inteligencia extranjera y una ciudadanía que, pese al ruido, sigue encontrando voces valientes que no se callan.

