Inundaciones revelan crisis en el sistema urbano capitalino

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Falta de mantenimiento y gestión agravan daños

Las inundaciones en Ciudad de México durante la presente temporada de lluvias han dejado al descubierto un problema estructural que acumula décadas sin solución: un sistema de gestión de aguas colapsado por la falta de mantenimiento, la mala planeación urbana y el abandono institucional. Expertos señalan que el fenómeno no es producto exclusivo de la geografía ni de la intensidad de las lluvias, sino de la ausencia de medidas preventivas y de infraestructura resiliente.

Víctor Magaña, doctor en Ciencias Atmosféricas de la UNAM, afirmó que “la culpa no es de Tláloc”, en referencia a quienes atribuyen el problema a causas naturales. Según el especialista, el deterioro de los sistemas de drenaje, sumado al crecimiento desordenado de la ciudad, genera que cada temporada de lluvias cause daños más severos.

Historias de resistencia en zonas afectadas

En colonias como Del Mar, en Tláhuac, la población vive a la defensiva frente a las lluvias. Mari y Jaime, vecinos de la zona, decidieron levantar una barda de medio metro en la entrada de su casa para evitar que el agua arruine sus pertenencias. “Sin esta barda, ya no tendríamos nada”, explica Jaime. La medida, aunque efectiva, les obliga a saltar para entrar o salir de su hogar.

La familia, compuesta por seis integrantes, también elevó el nivel del piso de la vivienda. Sin embargo, las pérdidas económicas persisten: Mari atiende un puesto de postres frente a su casa, el cual debe cerrar cada vez que llueve debido a las inundaciones que inhabilitan la zona.

Un problema que crece con la ciudad

La capital mexicana alberga a más de 9 millones de habitantes, cifra que asciende a 22 millones si se incluye la zona conurbada. El aumento poblacional y la urbanización acelerada han reducido las áreas de absorción natural, lo que provoca que las lluvias se concentren en encharcamientos e inundaciones cada vez más graves.

A pesar de que las autoridades han prometido planes de mejora, los avances han sido limitados y no han logrado revertir el deterioro del sistema. La situación exige inversiones significativas en infraestructura hidráulica y en programas de mantenimiento permanente que garanticen el funcionamiento óptimo del drenaje y minimicen riesgos para la población.

Mientras tanto, miles de capitalinos continúan adaptando sus hogares de forma improvisada para resistir las lluvias, una solución temporal ante un problema que, año tras año, se repite y se agrava.