Salud desigual: los hogares pobres en México pagan más por atención médica

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La brecha sanitaria se mantiene, incluso tras la pandemia

En México, quienes menos tienen, más pagan por cuidar su salud. Aunque los indicadores económicos muestran cierta recuperación tras la pandemia, la desigualdad en el gasto médico se mantiene. Así lo reveló el colectivo México, ¿Cómo vamos? al analizar los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024.

Los hogares con ingresos promedio de 5,599 pesos mensuales destinan el 3.9% de su gasto total al cuidado de la salud. En cambio, familias que ganan 25,817 pesos al mes solo destinan el 1.7%. Esta diferencia pone en evidencia un sistema que castiga más a quienes menos ganan.

El gasto en salud crece más rápido que los ingresos

En 2024, el gasto promedio trimestral en salud por hogar fue de 1,605 pesos. Esta cifra representa un aumento del 8% respecto a 2022. Si se compara con 2016, el incremento alcanza el 40%. Pese a esto, la cobertura pública no ha logrado reducir el gasto de bolsillo de las familias.

A nivel nacional, el pago directo en salud representa el 3.4% del gasto total. Aunque esta cifra es menor al 4.2% registrado en 2020, sigue siendo elevada en comparación con países con sistemas de salud más eficientes.

Los estados más afectados por la salud desigual

Las diferencias regionales también son claras. En Oaxaca, las familias destinan 4.1% de su ingreso a salud. Mientras tanto, en Baja California, el porcentaje es solo del 2%. Estas cifras reflejan tanto la desigualdad económica como la falta de servicios médicos accesibles.

Entre los estados que vieron un aumento en gasto de salud entre 2018 y 2024 destacan:

  • Colima: de 1.3% a 2.3%
  • Ciudad de México: de 1.1% a 2.2%
  • Zacatecas: de 2.4% a 3.6%
  • Yucatán: de 1.8% a 2.6%

Solo cinco estados lograron reducir su gasto relativo: Baja California, Nuevo León, Campeche, Aguascalientes y Veracruz.

¿Por qué importa el gasto de bolsillo en salud?

El gasto de bolsillo en salud es un indicador directo de desigualdad. Cuando las familias más pobres deben elegir entre pagar un tratamiento o comprar comida, la salud se convierte en un privilegio, no en un derecho.

Este tipo de gasto genera endeudamiento, abandono de tratamientos y un deterioro en la calidad de vida. A largo plazo, la falta de atención médica oportuna impacta en la productividad, la educación y la cohesión social.

Además, en un país donde más del 40% de la población no tiene acceso efectivo a servicios de salud, esta desigualdad expone la urgencia de reforzar el financiamiento público y mejorar la infraestructura médica en comunidades marginadas.