Cuando vayas a Pachuca, no dejes de visitar el AIFA

Por: Mauricio Candiani

AIFA será una alternativa para pasajeros del nororiente del área metropolitana que quieran usarlo y una opción forzada para el resto del mercado que tenderá a preferir el AICM.

Es una obra enorme, multifuncional, menos austera de lo que muchos creen, en la peor ubicación posible para el mercado relevante.

Sus tres impecables pistas de concreto, dos de ellas de 4 mil 500 metros de longitud y una de 3 mil 500 metros (con 40 centímetros de espesor), son lo mejor que le ha pasado a la Base Militar No. 1 Santa Lucía desde su inauguración en 1952. La nueva Ciudad Militar y los hangares de los distintos escuadrones de la Fuerza Aérea Mexicana son los primeros beneficios de esa inversión fiscal.

Sí. La nueva terminal de pasajeros Felipe Ángeles en el municipio de Zumpango será un aeropuerto complementario al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, pero resulta indispensable entenderlo en su esencia: será una alternativa para pasajeros del nororiente del área metropolitana que quieran usarlo y una opción forzada para el resto del mercado que tenderá a preferir el AICM.

Quienes usamos la aviación comercial con frecuencia, ¿qué debemos registrar al inaugurarse esta nueva infraestructura? Aquí mi reflexión:

1) ¿Qué ganamos con el AIFA? Un aeropuerto regional que gozará de impulso político el resto del sexenio, pero que más temprano que tarde tendrá que probarle rentabilidad a los vuelos que desde ahí operen.

Aunque la principal ganancia es aeronáutica. El AIFA (código NLU) será un aeropuerto alterno más conveniente que ACA o QRO cuando algún vuelo no pueda aterrizar en MEX conforme a su plan de vuelo original.

2) ¿Qué limitantes presenta para los primeros usuarios? No es la lejanía (que es un concepto relativo), sino su accidentada accesibilidad. El Tren Ligero Buenavista-AIFA es una buena idea con más futuro que presente. No dispone de la totalidad del derecho de vía y es una solución de transporte interurbano en la que influyen decisiones no aeronáuticas para su viabilidad operativa y financiera.

El acceso carretero es un reto superlativo. Ni las mejoras viales en curso en los accesos a la Ciudad Militar están avanzadas (ya no digamos concluidas), ni la totalmente nueva conexión al AIFA desde el Circuito Exterior Mexiquense (en la caseta Tultepec) estará 100 por ciento funcional en un tiempo perentorio. Para vuelos madrugadores, habrá que hacer uso del hotel en el interior de la terminal.

3) ¿Cómo evitar que se convierta en una infraestructura subutilizada? Y es que si bien tienen elevaciones distintas (TLC está a 2 mil 580 msnm; NLU a 2 mil 245 y MEX a 2 mil 230), el mayor riesgo es que el AIFA acabe en la marginalidad (como Toluca) o que tarde décadas en llegar al uso comercial óptimo proyectado.

Antes que reducir por decreto la capacidad de AICM para dar oxígeno artificial al AIFA, el gobierno federal debería de trasladar ahí todos los vuelos de carga y de las dependencias con flota aérea. Y, con tiros de precisión, podría promover la nueva FBO en construcción (terminal privada).

El AIFA es hoy un aeropuerto que entra en línea con múltiples retos aeronáuticos que resolver, interminables restricciones de conectividad urbana que superar e incontables desafíos comerciales que sobreponer. Pero es una infraestructura disponible y habrá que buscar maximizarla.

No obstante, aerolíneas, comerciantes, pasajeros y oferentes de servicios comerciales periféricos, deberemos entenderlo como lo que es: un espacio militar, dirigido por militares, con lógica militar e impulso político circunstancial. Si madura comercialmente pronto, bien para el país. Y si no, será una de esas obras que están ahí sólo porque alguien la decidió y otros obedecieron.

Pero en algo no regatearé buenos adjetivos. La Ciudad Militar es un espacio impecable con un Museo Militar de Aviación precioso, un Museo Paleontológico interesante y otro de Ferrocarriles Mexicanos más que adecuado para recorridos en familia. Así que cuando vayas a Pachuca, no dejes de visitar el AIFA.

 

 

 

 

*Originalmente publicado en El Financiero en Marzo 14. Se reproduce con autorización del autor.