La filosofía de la homeopatía se basa en aprovechar los principios activos que existen en las plantas e ingredientes de origen natural para reforzar nuestro organismo y protegerlo de agresiones externas.

Los medicamentos homeopáticos son el resultado de la mezcla de diferentes propiedades activas con agua o alcohol.

En general, la homeopatía está elaborada con ingredientes de origen vegetal o animal y también puede contener ingredientes minerales u orgánicos para ofrecer una respuesta más eficaz.

¿Para qué sirve?

  • Prevenir y tratar enfermedades comunes como los resfriados, migrañas, tos, diarrea, etcétera.
  • Paliar los síntomas leves de enfermedades crónicas como el asma, ansiedad, alergia, dermatitis, etc.
  • Reducir síntomas de otras enfermedades como, por ejemplo, náuseas, estreñimiento, estrés, etc.

Una de las ventajas de la medicina homeópata es que no tiene efectos secundarios ni contraindicaciones; sin embargo, es recomendable consultar a un especialista antes de comenzar un nuevo tratamiento.

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¿Cómo funciona?

La homeopatía no es una medicina química, es una medicina física.  Se usa agua tratada para informar al cuerpo.

El remedio homeopático es una señal física que promueve una reacción curativa. Quien se cura es el cuerpo; la fuerza para curarse la tiene el organismo, y si no la tiene no se puede curar. El remedio homeopático aporta una información, un mapa o una guía para reaccionar.

Actúa de alguna manera como un mando a distancia que transmite una señal magnética o electromagnética, sutil, que determina un cambio

La homeopatía es una medicina sutil que aborda de manera eficaz los problemas funcionales, pero cuando la enfermedad está muy estructurada, por ejemplo, cuando el tumor ya está manifiesto, la destrucción de tejido es demasiado importante o la distorsión de la funcionalidad ha generado formaciones celulares, la homeopatía no se puede considerar como la base del tratamiento. Conviene utilizar entonces otro tipo de terapias: fármacos químicos, cirugía, quimioterapia, etc.