Entendimiento Bicentenario

 

 

 

Armando Ríos Piter

 

Por una #SociedadHorizontal

 

El pasado 8 de octubre, se realizó el llamado Diálogo de Alto Nivel de Seguridad entre México y Estados Unidos, con la participación de los secretarios de Estado, Anthony Blinken; de Justicia, Merrick Garland y de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas por el lado de nuestro vecino del norte y sus contrapartes mexicanas. El encuentro se llevó a cabo con la finalidad de establecer un nuevo acuerdo de seguridad que sustituya a la Iniciativa Mérida, la cual ha estado en funciones desde hace 13 años. De esta forma, se propuso iniciar el “Entendimiento Bicentenario”, mismo que tendría como objetivo renovar los mecanismos de coordinación interinstitucional entre ambos países.

 

Cabe recordar que desde el 30 de junio del 2008, con la firma de Felipe Calderón y George W. Bush se estableció el Plan Mérida, con el fin de establecer los mecanismos de cooperación de seguridad entre Estados Unidos, México y los países de centroamérica, para enfrentar la presencia creciente de los cárteles de la droga en territorio mexicano. A la fecha, dicha iniciativa ha significado una inversión de alrededor de 3,000 millones de dólares, mismos que se han destinado principalmente a financiar equipamiento como helicópteros, aviones, refacciones, entrenamiento de personal, así como infraestructura tecnológica y computacional.

 

Los funcionarios que acudieron la semana pasada, subrayaron que el acuerdo que sustituirá a la anterior iniciativa, podría atender también una visión de salud pública y de “comunidades seguras”. Lo anterior con la finalidad de construir una visión transversal de la problemática multifactorial que afecta a aquellos territorios que sufren de violencia sistémica. De esta forma, el enfoque no será exclusivamente en materia de seguridad.

 

No obstante, varios también enfatizaron que el aprendizaje alcanzado en los últimos años, deberá perdurar y fortalecerse. Lo avanzado en términos de acreditaciones internacionales, mayor transparencia, profesionalización y promoción de los derechos humanos, sería la base para un nuevo entendimiento en la amplia agenda bilateral y que abarca materias que van desde el combate al narcotráfico, el flujo de armas, el lavado de activos, hasta la migración “con enfoque humano”.

 

En voz del canciller Marcelo Ebrard, se enfatizó que se busca reducir la violencia y los asesinatos. Para ello habrá de impulsarse la creación de una “red para la prevención del homicidio”, es decir, “una plataforma para el intercambio de mejores prácticas en la prevención del crimen”. También se dijo que habrá un especial énfasis en el “uso de laboratorios forenses, para facilitar y apoyar la investigación de crímenes y su enjuiciamiento”, en delitos de alto impacto vinculados a organizaciones criminales transnacionales.

 

Ebrard Casaubon explicó que la principal diferencia entre el esquema anterior y el nuevo propuesto es que, mientras la Iniciativa Mérida se enfocó especialmente en la detención y captura de los capos criminales en suelo mexicano, la nueva dinámica habrá de desarrollarse a partir de un esquema de mayor “reciprocidad y corresponsabilidad.

 

Con alrededor de 350 mil homicidios dolosos -incluso con proyecciones de expertos que consideran que la cifra es del doble- ocurridos a lo largo de la última década y media, es evidente que la dinámica de atención entre ambas naciones requiere de cambios profundos. Continuar con las acciones de manera inercial, sería tanto como mantener el fracaso que en esta materia han experimentado las administraciones del PAN, el PRI y hoy de Morena.

 

Hay que reconocer que las instituciones mexicanas han experimentado un colapso profundo que no se circunscribe exclusivamente al tema de seguridad. La incapacidad administrativa de municipios, la corrupción sistémica que experimentan entidades federativas, la falta de alternativas económicas debida a la ausencia de actores productivos e incluso, la complicidad permanente de la propia sociedad mexicana con las actividades informales o francamente ilícitas, configuran un contexto que requiere determinaciones y cambios de raíz.

 

Es fundamental que los avances publicitados en la reciente reunión de alto nivel, aterricen en elementos concretos que no se circunscriban al seguimiento por parte de las instituciones de fuerza pública. Para que sea realmente robusto y dinámico, un nuevo acuerdo bilateral requiere del apoyo de “los corazones y las mentes” de la población en ambos lados de la frontera. La #SociedadHorizontal jugará un papel trascendental para enfrentar este reto. Estamos tan hermanados que de ello depende el futuro de nuestra nación, pero también de la nación vecina.

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