A la sombra de un fortificado Capitolio de Estados Unidos, algunos cientos de manifestantes llegaron el sábado a un acto en apoyo a los más de 600 detenidos por la revuelta del mes de enero, pero se vieron ampliamente superados en número por la prensa y la policía fuertemente armada.

La Policía del Capitolio, que no dejaba nada librado al azar, estaba reforzada con cientos de agentes traídos a Washington para evitar una repetición de los ataques antes de la juramentación presidencial. Se erigió una valla en torno al Capitolio, la policía de la ciudad estaba en alerta y se pidieron refuerzos a la Guardia Nacional.

Hubo algunos altercados al comenzar el acto y una persona fue arrestada por portar un puñal, dijo la policía, pero no hubo mayores incidentes al comienzo. Con todo, los agentes estaban alertas ante la posibilidad de enfrentamientos violentos entre manifestantes y contramanifestantes. La policía también estaba atenta a la eventualidad de que hubiera gente armada. Sin embargo, se permitió que llegara gente con mochilas y no se montaron retenes de inspección.

El acto tuvo lugar en un campo lejos del Capitolio rodeado por camiones pesados. Los agentes recogían sus equipos antimotines en zonas apartadas y se instalaron barricadas en las calles. Dentro del Capitolio se colocaron escudos policiales en puertas y ventanas, en agudo contraste con los hechos de enero, cuando los agentes sin pertrechos antimotines fueron superados rápidamente por los revoltosos.