Generar la sensación de estar en el vientre materno al envolverse en telas —mientras el cuerpo se relaja y se mejora la postura— es la idea que yace detrás del Otonamaki.

Esta técnica antiestrés japonesa fue desarrollada por una partera, Nobuko Watanabe, la cual se basa en la práctica de Ohinamaki: envolver a los bebés recién nacidos para ayudarlos a dormir mejor, ofrecerles una sensación de mayor seguridad y ayudar con su desarrollo físico.

Desde 2015 esta propuesta de relajación ha adquirido popularidad en Japón. A través de ella se busca alcanzar el estadio de armonía al envolver a los practicantes en posición fetal en una tela grande. Las sesiones duran 20 minutos, durante los cuales las personas permanecen sobre una colchoneta mirando hacia arriba.

Los beneficios del Otonamaki incluyen ayudar al cuerpo a volverse más flexible, aliviar la rigidez de hombros, cuello y ampliar los movimientos de las articulaciones. Aunque quienes guían estas sesiones aseguran que el efecto más interesante es cómo, al estar enrollado dentro de la tela blanca elástica, la mente se siente libre.

Durante el proceso de preparación las personas pueden seleccionar la posición de sus piernas, brazos y cabeza, con el objetivo que estén lo más cómodos posibles. Pese a que se cubre toda la cabeza, no es difícil respirar, debido a que la tela es de malla.

Sin embargo, para los que padecen claustrofobia la experiencia podría no resultar tan relajante. Por ello, también se puede optar por no cubrir la cabeza.

Otonamaki se traduce directamente como ‘envoltura para adultos’. Una de las razones por las cuales se inventó este método terapéutico fue porque a los padres japoneses les preocupaba que sus bebés tuvieran problemas o se sintieran claustrofóbicos mientras los abrigaban.

De esta forma podían experimentar, por ellos mismos, la sensación de bienestar producida por el Ohinamaki.