Coexistir

La decisión de los ciudadanos ha sido clara. La democracia y el ejercicio natural que se construye a partir de la pluralidad, se abrió pasó nuevamente en un acto que demuestra que una gran parte de los mexicanos creen en el poder del voto, en las instituciones democráticas y en la certidumbre de los resultados aún en elecciones en extremo competidas.

Los mexicanos que salieron a votar el domingo pasado lo hicieron en un entorno político novedoso, en una especie de referéndum para darle o no validez al proyecto de gobierno del Presidente López Obrador, y en ese ánimo, le dieron un gran voto de confianza al mandatario, pero con las limitantes deseables en una república en donde la Constitución y el pacto social básico deben prevalecer.

En medio de la pandemia y de una crisis económica dolorosa, los mexicanos han dado al Presidente un mensaje que seguramente será bien interpretado, y eso tiene que ver con la esperanza de que al final, la cuarta transformación tenga un sentido colectivo. Si bien la polarización en el país es manifiesta, toca ahora constituir horizontalmente desde las estructuras más básicas de la sociedad una narrativa que devuelva tierra común y nos dirija a hacer comunidad.

Se ha terminado la elección intermedia y toca ahora profundizar el trabajo que sólo puede hacer la política, serenando los ánimos y construyendo agendas más allá de dos visiones. Por momentos pareciera que la repentina aparición marcada de dos Méxicos y dos caminos significan un opuesto. Yo no creo que lo sean tanto, en ese sentido toca a la oposición no solamente generar equilibrios que la ciudadanía ha demandado en las urnas, sino también generar alternativas de política pública que sean compatibles con la agenda del gobierno y eso puede lograrse si se genera un ánimo colaborativo más que de enfrentamiento.

Al gobierno le tocará la tarea compleja de arropar la esperanza de la gente demostrando resultados tangibles de la transformación que han propuesto y en ese sentido, me parece que el resultado en la Ciudad de México luego de tres décadas de gobiernos de izquierda, y por primera vez en concordancia con la presidencia, es reflejo de esa exigencia de ver cristalizados esfuerzos que transformen verdaderamente la vida de los ciudadanos.

El nombre del juego ahora es coexistir, aprovechar el impulso de la democracia y sus equilibrios generados para cambiar la polarización por espacios naturales en donde las diferencias, que son el gran motor del cambio, se manifiesten en fortaleza, concordia, generosidad política y desarrollo sustentable.

Coexistir, tendrá que ser un esfuerzo de la clase política pero también de los ciudadanos que deben superar la polarización y acudir a la construcción de un país para todos y por el bien de todos. Coexistir significa que alentemos la tolerancia colectiva, que encontremos consensos básicos sobre los temas de la agenda nacional que tenemos que resolver de manera urgente, pero significa también, participar activamente en el diálogo social donde los ciudadanos deberán ser protagonistas de este esfuerzo que bien vale la pena por el futuro de México.