Órale Politics! – Elecciones en una ostra de circo

 

¡Tiempo de elecciones en México!

Las más grandes y complicadas elecciones del México moderno ya llegaron. Todo mundo jala agua para su molino, a pesar de la gran sequía que nos aqueja.

En realidad todo esto es un espectáculo circense. Que aparentemente no cuesta nada, pero que en realidad cuesta cantidades industriales de dinero. Sobre todo al 45% de la población económicamente activa que pagamos impuestos.

Es un circo majestuoso de tres pistas, donde uno halla de todo y para todos, como en los mejores tiempos de Sodoma y Gomorra. Hay payasos que ya deberían estar jubilados, trapecistas que se caen función tras función y todo mundo sigue aplaudiendo, changuitos groseros, elefantes graciosos (pero tristes), bailarinas que le echan ganas, chalanes carteristas, redes de seguridad llenas de hoyos, dados cargados, bebidas refrescantes que ya perdieron el gas, payasos vaqueros que no pueden dejar el chupe, pleitos de cantina, el Santos justiciero, soldaditos de plomo (y de plástico y de paja), orquestas desafinadas y hartas, chistes prohibidos, estrellitas estrelladas, enanitos enojones, gigantes felices, mujeres barbudas reflexivas, tigres que se comen a sí mismos los domingos, vampiros chimuelos, domadores cojos o mancos, la cruz que te tocó cargar, fotografías del generalote en el rincón de la obscura habitación de la viuda…

Tragafuegos sin cabellera porque ya se les quemó, candidatos que heredan el puesto, candidatos que se la viven bailando y resucitando, candidatos que se van a chingar 25 millones de cubrebocas y luego el SAT se les echa encima, toros heridos en cristalería, michoacanos silenciosos, el Gran Jefe Toro Sesgado, la mano que mece la cuna, el Trespatines y la Tremenda Corte, los neoporfiristas empedernidos, los fake neoliberales, neorretros nonatos, millenials coquetos, esposas ganonas, esposos políticamente infieles, los hijos bonitos de los patrones feos, por mi madre bohemios, los 4T progresistas que regresan al futuro del pasado, los tovarichys de antaño, la izquierda podrida, la derecha putrefacta, el centro colapsante, el empresariado explotador pero guadalupano, los sacerdotes que esconden cosas debajo de la sotana, los verdaderos dueños de las elecciones, legislaciones con actualizaciones obsoletas, electorado muerto de hambre, analfabetas facebookeros, una promesa cumplida en contra de su voluntad, partidos políticos huecos y secos, ¡nuevo-león-nuevo león!, chiquillos malcriados que me da miedo señalar…

Muertos escandalosos, televisiones apagadas, radios mudos, migrantes ausentes disque presentes, el destino azaroso, Jesucristo Gómez, el último hombre honesto, el que sustituye la palabra pensar por robar, el comandante de todos los ejércitos del ocaso, el ranchero chido, el cangrejito playero, el señor entre señores, partidos de futbol arreglados, los capos buena onda, las banderas rendidas, Ecatepec de mis amores, el Rayo de Jalisco bien quitado de la pena, cementerios atiborrados de historias políticas de traición e inmundicia vil, el Matemático III convertido en agente de tránsito corrupto, el famoso plato de lentejas por mi reino, una hermosa pero inservible pluma fuente Mont Blanc, pesadillas hermosas, mil cheques en blanco, una avalancha de inútiles buenas intenciones, todos los políticos de 1988 al 2018, interpretaciones políticas criminales y por demás cínicas, un atractivo proceso de autodestrucción irreversible y así por el estilo…

Todo y todos desfilarán en la pasarela electoral de 2021. El buen observador generalmente se quedará solo o sola en el horizonte. Pensando en un decepcionante futuro sobre los caminos a seguir por esta ex gran nación. Sin agua a la vista, comiendo discursos en lugar de participar en soluciones viables. Sin contar con la oportunidad de aventar unas cuantas piedras a los espejos malditos del porvenir político, más que nada porque hasta las piedras se han robado ya estos camaradas.

Sin ánimo de despertar porque de seguro el dinosaurio seguirá ahí, el observador se quedará atrapado incondicional e intencionalmente en su ostra. Feliz consigo mismo, ya que su yo… ¿qué culpa judeocristiana tiene del presente político mexicano, después de todo?