La ONG conocida como Greenpeace, reveló que alrededor de 163 mil personas murieron durante el año 2020, sorprendentemente, no a causa de la pandemia por COVID-19, si no por la contaminación atmosférica.

Las víctimas mortales se registraron en las cinco ciudades más pobladas, entre ellas Sao Paulo y Ciudad de México, a pesar que la calidad del aire mejoró en algunos lugares por el confinamiento. “Cuando los gobiernos eligen el carbón, el petróleo y el gas en vez de energías limpias, es nuestra salud la que paga el precio”, advirtió Avinash Chanchal, activista del clima en Greenpeace India.

La capital más contaminada fue Nueva Delhi, donde se estima que unas 54 mil personas murieron debido a la toxicidad de las partículas PM2.5 suspendidas en el aire, según el informe de Greenpeace del sureste asiático. En Tokio, habrían muerto otras 40 mil personas y el resto en Shanghái, Sao Paulo y Ciudad de México, de acuerdo al informe. El mismo se centró en el impacto de las partículas microscópicas PM2.5 que se producen con la combustión de combustibles fósiles.

Las partículas PM2.5 están consideradas como las más dañinas para la salud. Afectan al corazón y los pulmones y aumentan las probabilidades de sufrir ataques de asma. Algunos estudios han vinculado la exposición a las PM2.5 a un mayor riesgo de morir de covid-19.

El confinamiento impuesto en todo el mundo por el coronavirus ayudó a limpiar el aire al dejar por un tiempo las calles sin tráfico y con el cierre de  industrias contaminantes, sin embargo los gobiernos deberán considerar parar nuevas plantas de carbón, cerrar las que ya existen e invertir en energías limpias como la eólica y la solar.