Jorge Palacios Treviño (1931-2021)

El embajador Jorge Palacios Treviño (Burgos, Tamaulipas, 1931 – Ciudad de México, 2021) falleció en la madrugada del pasado 10 de febrero. Semanas atrás había dado positivo de Covid-19.

 

A Jorge me une una amistad de 50 años. Entre los dos había una diferencia de 16 años, pero eso nunca impidió que tuviéramos una relación horizontal, cercana y fraterna.

 

Como miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano fue embajador de México en Egipto, Sudán, Argelia, Túnez, la República Árabe Saharaui e Indonesia.

 

Hombre cercano, directo – como buen norteño -, y también sencillo y generoso. Siempre interesado en lo que sus amigos hacían. Siempre solidario y buen amigo.

 

De adolescente dejó Burgos, para irse a Monterrey a seguir sus estudios. Luego vino a la Ciudad de México, para hacer derecho en la UNAM. En la Ibero estudió la maestría de filosofía y en la UNAM el doctorado en derecho.

 

Le gustaba invitar a su casa, él y Cristina Goddard, su compañera por 51 años, organizaban veladas memorables que terminaban al amanecer. El pozole era extraordinario. En esas cenas siempre cantaba y lo hacía muy bien con un estilo único.

 

Se desempeñó como Director del Departamento de Transporte Aéreo Internacional en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y Vocal Directivo de la Comisión Nacional del Espacio Exterior.

 

Amigo cercano del padre José Manuel Gallegos Rocafull (1895-1963). Un intelectual y defensor de la República Española que emigró a México en 1939. Jorge heredó su biblioteca.

 

Por 40 años trabajó en la cancillería donde fue director general de Organismos Internacionales y de Tratados Internacionales. Fue ministro consejero en la representación de México en Ginebra a cargo del embajador Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa (1921-1997), que después sería canciller.

 

Con nuestras familias hicimos viajes memorables (Belice, Oaxaca) y con Sybille Flaschka, mi compañera, nos encontramos con Jorge y Cristina en Egipto y Argelia donde compartimos recorridos que nunca se olvidan.

 

Entre otras muchas misiones, en carácter de asesor jurídico, fue integrante de la delegación mexicana que negoció el Tratado entre México y Estados Unidos, para delimitar la Plataforma Continental en la zona limítrofe del Golfo de México (2000).

 

Jorge y Cristina tuvieron tres hijos: Jorge, Rodrigo (+) y Cristina. Alguien que trabajó con él en la cancillería dice que era: “Siempre paciente, siempre atento, dispuesto a compartir y enseñar. Sumamente cálido”.

 

Fue Director del Departamento de Estudios Internacionales de la Ibero (2003-2005). Y como profesor impartió las materias de Derecho Internacional Público y Tratados Internacionales. También dio clases en el Instituto Matías Romero de la SRE.

 

Cuando yo era jesuita Jorge y Cristina, con frecuencia nos visitaban los viernes o sábados por la noche, en los pedregales del Ajusco, al sur de la Ciudad de México, en el barrio donde vivíamos. Las pláticas eran divertidas y también intensas y largas.

 

Se le nombró miembro del Comité Jurídico Interamericano de la OEA para el periodo 2007-2010. Escribió, entre otras obras, Tratados internacionales, legislación y práctica en México (SRE, 1982, 1986, 2001 y 2007) y La defensa del petróleo mexicano (UIA, 2003).

 

Jugar canasta con Jorge siempre fue una aventura. Lo hacía extraordinariamente bien. Se lo tomaba en serio y con su pareja se proponía ganar. Muchas veces jugábamos hasta la madrugada.

 

En su carrera diplomática fue distinguido con la Legión de Honor de Francia; la Orden al Mérito de Argentina y la Orden al Mérito de Alemania.

 

Jorge era un creyente y muchas veces compartimos sobre nuestra experiencia de fe y hablamos de la Iglesia. Siempre estaré agradecido con su amistad y generosidad. Lo voy a extrañar.

 

Twitter: @RubenAguilar