Del estómago a las urnas

Votar es un derecho y una OBLIGACIÓN ciudadana, pararte en la casilla, tomar el plumón de seguridad y marcar con una “x” para escoger al candidato(a) de tu elección, conlleva un compromiso y una enorme responsabilidad.

Es común que cuando estamos esperando nuestro turno nos salten a la mente diversas preguntas, como ¿Por quién votará el de junto?, ¿Le habrán ofrecido algo a cambio?, ¿Le estará haciendo el favor a algún amigo?, sin embargo, lejos de las interrogantes enfocadas a los demás, el análisis realmente importante debería surgir en nuestro interior con cuestionamientos como ¿Conozco la trayectoria de mi candidato(a)?,¿He estudiado las propuestas del mismo?, ¿Mi candidato(a) cuenta con la suficiente capacidad para el cargo?, no nos engañemos, si somos brutalmente honestos la gran mayoría del electorado jamás realiza este esencial ejercicio de reflexión y análisis electoral, como consecuencia, en algunas ocasiones, los partidos políticos nos presentan  aspirantes restando importancia a la preparación profesional para el cargo que pretenden.

Pero ¿Por qué sucede esto?

Permíteme decírtelo en palabras crudas y severas, los estrategas electorales saben que la gran mayoría de la ciudadanía es descuidada (por decirlo amablemente), pues ni siquiera se toma la molestia de investigar a sus candidatos(as), analizar sus ofertas de cambio y contrastar la información con el resto de los aspirantes, por eso, te presentan muchas veces “caras conocidas” o “caras famosas” para captar tu atención, lograr tu empatía y generar una falsa cercanía ciudadana. Es un cortejo al electorado. ¿Duele verdad?

Después, llega el día de las votaciones con campañas electorales ferozmente disputadas, en donde la obligación ciudadana debería enfocarse más que nunca al análisis de las mejores propuestas y  de los(as) mejores aspirantes en total madurez electoral, pero desafortunadamente no es así, nuestro México se encuentra ciegamente hechizado por colores, por resentimientos del pasado, por temores al futuro, por rencores, por filias y por fobias, y al final… el desastre, el electorado cansado y sobrecargado de emociones no vota a consciencia y en plena responsabilidad social, vota con las TRIPAS.

Vivimos en una sociedad altamente influenciable donde es más sencillo seducir al electorado manipulando sus emociones, que promover el estudio del proceso electoral y de sus aspirantes, pues es más fácil agitar las entrañas, que estimular las neuronas cerebrales.

Si verdaderamente queremos evolucionar la democracia del País, empecemos por nosotros mismos en total responsabilidad, con una ciudadanía unida y preparada, con una ciudadanía sensata que estudie candidatos(as), analice proyectos y contraste ideas, y sobre todo, que vote con prudencia y seriedad, pues al votar con el estómago, no eres víctima de las circunstancias, eres cómplice de los posibles malos resultados.

Tengo fe de un cambio, estamos en el momento justo para frenar como sociedad y hacer un giro total, tenemos la urgencia de generar una nueva consciencia cívica para mejorar nuestra madurez y toma de decisiones político – electorales, debemos renunciar a la “votación por tripas”, cambiándola por estrategias que impulsen el pensamiento crítico, estructurado y estudiado en todas clases sociales, e ideologías, debemos exigir que nos representen los(a) mejores, es un deber de todas y todos nosotros como mexicano y así, recobrar nuestro patriotismo y lealtad para NADIE más que nuestro querido México. El conocimiento es PODER.

Me quedo con esta frase para los incrédulos: Cuando los tiempos se ponen difíciles, no nos damos por vencidos. Nos levantamos.” – Barack Obama.  – Y así, soy yo –

#LaVoluntadEsElCambio ®