Órale Politics! – La corrupción: El gentil reto de López Obrador

Le propongo a los amables y gentiles lector y lectora que haga la siguiente prueba rápida:

 

  1. Corrupción en el gobierno federal.

 

  1. Corrupción en los gobiernos estatales.

 

  1. Corrupción en los gobiernos municipales.

 

  1. Corrupción en el ejército.

 

  1. Corrupción en la policía federal.

 

  1. Corrupción en las policías estatales.

 

  1. Corrupción en las policías municipales.

 

  1. Corrupción en los medios de comunicación.

 

  1. Corrupción en el sector educativo.

 

  1. Corrupción en el sistema financiero.

 

  1. Corrupción en la Comisión Federal de Electricidad.

 

  1. Corrupción en Petróleos Mexicanos.

 

  1. Corrupción en los bancos.

 

  1. Corrupción en la compra-venta de armas de fuego.

 

  1. Corrupción en la distribución y aplicación de la vacuna contra el Covid 19.

 

  1. Corrupción en la comercialización de tanques de oxígeno.

 

  1. Corrupción en la asignación de contratos gubernamentales.

 

  1. Corrupción en el futbol mexicano.

 

  1. Corrupción en la investigación de feminicidios.

 

  1. Corrupción en la iglesia.
  2. Corrupción en la concesión de carreteras.

 

  1. Corrupción en las casetas de cobro.

 

  1. Corrupción en la compra de medicinas para el sector salud.

 

  1. Corrupción en las cárceles mexicanas.

 

  1. Corrupción en la construcción de obras de interés público.

 

  1. Corrupción en las aduanas.

 

  1. Corrupción en la central de abastos de cualquier ciudad mexicana.

 

  1. Corrupción de los jueces.

 

  1. Corrupción en los permisos de apertura de antros.

 

  1. Corrupción de los partidos políticos.

 

  1. Corrupción generada por todos los giros negros.

 

  1. Corrupción en el proceso legislativo nacional.

 

  1. Corrupción en las elecciones mexicanas.

 

  1. Corrupción en los Congresos Estatales.

 

  1. Corrupción entre editorialistas de los medios informativos.

 

  1. Corrupción de subsecretarios de estado.

 

  1. Corrupción de la burocracia.

 

  1. Corrupción aparentemente inocente en el plagio de tesis de licenciatura.

 

  1. Corrupción del empresario promedio.

 

  1. Corrupción en las casas de juego.

 

Si los lectores están convencidos de que la corrupción se da en por lo menos treinta y cinco de las cuarenta situaciones hipotéticas arriba planteadas, pues he de felicitarlos. No por pesimistas, sino por realistas.

 

Para que toda la corrupción arriba expuesta exista y se desarrolle de manera sistémica, definitivamente existe también un sistema de impunidades funcional y bien establecido. Tanto la corrupción como la impunidad, a los niveles que se da en México, no apareció, ni floreció durante la 4T. En realidad, es el fruto de más de 36 años de funcionarios y políticos corruptos que fueron descubriendo las maneras para siempre sacar tajada de la movida sin ser descubiertos, claro está.

 

Muchos de estos funcionarios y políticos se integraron a un modelo de control de flujo de efectivo orquestado de manera muy ingeniosa y progresiva por el crimen organizado. A tal grado que, en la mayoría de los puntos arriba expuestos, el crimen organizado se ha convertido en el indiscutible beneficiario del sistema. Una buena parte de los funcionarios y políticos que forman parte del proceso se han convertido en piezas menores de los grandes jugadores de ajedrez de la corrupción de este país. Por más grande que suene el título del puesto, de peones no pasan.

 

La situación se ha puesto no únicamente difícil, sino fea y hasta fuera de control en algunos estados del país. Acabar con la corrupción es el gran reto de López Obrador. En dos años está muy complicado acabar con una dinámica con treinta y seis años de inercia. No creo que la 4T pueda con el paquete, independientemente de sus nobles y optimistas intenciones. No ahora, ni en seis años, ni en doce, para hablar claro.

 

La corrupción, con o sin crimen organizado, es profundamente dañina para la economía nacional, además de las instituciones políticas: las convierte en juguetes chafas e inservibles. El tejido social se destruye paulatinamente también: muchos niños mexicanos actualmente aspiran a ser sicarios y las niñas a ser bailarinas en un teibol danz. Su educación no es prioridad y aunque lo fuera: el sistema educativo mexicano tiende más a deseducar que a educar. Esto es, la corrupción generalizada destruye el presente y futuro de un país, de cualquier país.

 

Pero por algún lado se empieza. Al menos tenemos un presidente que saca el tema de manera frecuente en sus conferencias. Aunque claramente hay que hacer algo más al respecto. He ahí lo gentil del reto: del dicho al hecho hay que echarle ganas, acción, inteligencia y estrategia. Le deseamos al presidente de la República una pronta recuperación en su convalecencia por haberse contagiado de Covid 19. El peje fue claro en su momento: “usaré mascarilla en cuanto se acabe la corrupción en México”, está bien, pero no creo que valga la pena juntar ambos temas.