La Organización Mundial de la Salud (OMS) olvidó la diplomacia con que había venido tratando a nuestro país, y particularmente a las autoridades sanitarias encabezadas por el saltimbanqui de Palacio Nacional, el Dr. López Gatell, en atención a la falta de eficacia de la política pública mexicana empleada hasta hoy ante la pandemia del coronavirus.

Los resultados que presenta México en relación con los contagios y defunciones, así como la persistencia de la enfermedad y la insuficiente estructura hospitalaria y de personal médico, han obligado a la autoridad sanitaria mundial a pedirle al gobierno mexicano que se tome en serio la delicada situación que está ocasionando la pandemia en el país.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, envió un mensaje a los dirigentes de la 4T: “La situación en Mexico es muy preocupante. Los números muestran que el país está en mala situación. Cuando suben los casos y también las muertes es un problema muy serio y pediríamos a México que sea serio. Esperamos que todos los líderes den ejemplo “.

Aunado a esta exigencia de seriedad para el gobierno mexicano, el Dr. Michael Ryan, Director Ejecutivo, señaló entre otras recomendaciones para México: “les diríamos que es muy importante que sean un modelo en el uso de mascarillas. La gente requiere comunicación muy clara. Si lo que ven en un cartel, no lo cumplen las autoridades hay confusión”.

Esta llamada de atención del principal organismo internacional en materia de salud seguramente será no solo desoído por el Presidente de la República y el “Dr. Muerte” (como se ha apodado en redes sociales a López Gatell), también será motivo de etiquetas y adjetivos para la OMS y a sus directivos como estrategia para sostener en su muy particular realidad que “México está dando un ejemplo al mundo en el tratamiento de la pandemia”, como se sostiene en la narrativa del gobierno federal.

De múltiples maneras, epidemiológos, especialistas en salud pública, instituciones de investigación internacionales, así como analistas políticos y sociales, han desmenuzado la tragedia que enfrenta la sociedad mexicana y han aportado información científica suficiente para requerir un cambio de estrategia sanitaria ante la pandemia del coronavirus, encontrándose con un muro de soberbia gubernamental, cuando no con el sarcasmo mediocre de un burócrata empoderado por la complicidad mostrada en una estrategia que privilegió el ahorro de dinero público a cambio de enlutar a miles de hogares mexicanos.

Sin embargo, la magnitud de la tragedia que enfrentamos ha sido insuficiente hasta este momento para movilizar a la sociedad mexicana en defensa de la vida, amenazada hoy por el coronavirus, en alianza siniestra con la violencia endémica que sufrimos desde hace décadas por la ola criminal que también cercena el tejido social y se cierne sobre nuestros jóvenes y mujeres ante la indiferencia del Estado mexicano.

¿Cuántos muertos se necesitan para que la sociedad siga el ejemplo estoico de los colectivos feministas que reclaman “ni una menos”?, ¿cuántos muertos más necesitan los partidos políticos para olvidar sus mezquindades y construir una acción política por la vida?, ¿cuántos muertos más necesita el Partido de Regeneración Nacional (MORENA) para elevar su reclamo en nombre de los millones de mexicanos que dice representar sin temor al regaño presidencial?

Y por último: ¿Cuántas ceremonias luctuosas e izamientos de bandera a media asta estará dispuesto llevar a cabo el gobierno federal, en conmemoración de los caídos en la construcción de la cuarta transformación? Efectivamente, están haciendo historia.