Don Carlos, Constructor de Paz
Por: Luis Vega
Conocí a Don Carlos Garfias durante 20 años y aunque el sentimiento por la muerte del amigo y hermano es grande, es más fuerte su recuerdo, testimonio y legado como “artesano constructor de paz” para México.
Don Carlos era un sacerdote michoacano conservador. Maestro en el seminario y dirigente nacional de Movimiento Familiar Cristiano, pero la violencia en la Montaña de Guerrero, Nezahualcóyotl, y sobre todo en Acapulco y Michoacán lo convirtieron en un promotor de la paz y reconciliación dentro y fuera del país.
Su lema y acción episcopal “Cristo es nuestra paz” lo llevaron a una interlocución con los últimos presidentes de la República, representantes de los gobiernos estatales, grupos empresariales, dirigentes de otras iglesias, madres buscadoras y víctimas de la violencia.
Garfias Merlos ganó el apoyo y simpatía del representante papal, Christopher Pierre, hermanos obispos, sacerdotes, académicos, intelectuales, pero también tuvo una fuerte oposición dentro y fuera de la Iglesia, algunos obispos, sacerdotes de la arquidiócesis, dirigentes de la Conferencia Episcopal Mexicana y políticos locales de Michoacán, como el actual gobernador.
El diálogo, como plataforma de paz fue, sin duda, una de las líneas más sólidas de Don Carlos. Su convicción era que la paz se construye mediante la convergencia de gobierno, sociedad, comunidades religiosas e incluso, con actores vinculados al crimen organizado: “el diálogo, el perdón y la reconciliación son los ingredientes para lograr la paz en México y en el mundo”, decía.
En distintas ocasiones señaló que: “La paz se debe construir entre todos” y que la Iglesia está obligada a participar en la creación de mesas de diálogo en regiones donde la violencia tiene raíces profundas. Don Carlos aseguraba que ninguna comunidad religiosa puede transformar por sí sola.
Antes de llegar a Morelia, Carlos Garfias ya trabajaba en modelos de atención pastoral en zonas violentas. En Acapulco, por ejemplo, diseñó programas sistemáticos de atención a víctimas que incluían: Centros de escucha, acompañamiento espiritual, psicológico y jurídico, equipos comunitarios de reconstrucción social.
Lidereó talleres especializados dirigidos a sacerdotes y agentes pastorales para fortalecer sus capacidades de diálogo y negociación en contextos de alto riesgo, incluyendo zonas donde operan grupos criminales. Donde el objetivo no es pactar, sino generar condiciones para reducir violencia y permitir el acceso pastoral. Este enfoque no estuvo exento de críticas, pero Garfias insistió: “No podemos quedarnos solo en el perdón desde el púlpito; necesitamos un papel activo en la pacificación”.
Promotor de la reconciliación social, Carlos Garfias, al retirarse en enero de 2026 como arzobispo de Morelia, utilizó su última homilía como arzobispo para reafirmar lo que ha sido el hilo conductor de su labor: el diálogo, la unidad y el acompañamiento a las víctimas.
Carlos Garfias Merlos se consolidó como uno de los principales impulsores de iniciativas de paz en México desde la Iglesia católica. A través de proyectos interreligiosos y del fortalecimiento del tejido comunitario, logró articular esfuerzos entre distintos sectores sociales, convirtiéndose en un referente nacional en la construcción de paz.
Heredero del legado de Don Vasco de Quiroga y creo la Fundación que lleva su nombre, que tiene como propósito rescatar y revitalizar el legado del primer obispo michoacano en favor de los derechos indígenas, el trabajo comunitario, en materia de salud, promoción humana y espiritual. Hizo de esta fundación el eje donde se encuentren católicos, cristianos y expresiones religiosas y políticas de todos colores y sabores para trabajar por la paz y la reconciliación de Michoacán y del país.
Su compromiso pastoral marcó profundamente su trayectoria. Por ello, aspiró a ser recordado como un verdadero “artesano y constructor de paz”. Ojalá tuviéramos muchos pastores de la iglesia como él.
Este lunes acompañaré a mi amigo y hermano, Don Carlos Garfias, a su última morada en la catedral de Morelia. Sus retos mortales descansarán al lado de varios arzobispos de Michoacán pero su testimonio, legado y mensaje de construir la Paz y reconciliación seguirán más vivos que nunca.
