Nombran género bacteriano en reconocimiento a Esperanza Martínez Romero

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• Fue propuesta por un grupo de colegas de Canadá, España, Alemania y Reino Unido
• En ninguno de los dos casos esperaba que me sugirieran, expresó

En honor de la directora del Centro de Ciencias Genómicas (CCG) de la UNAM, e investigadora mexicana, Esperanza Martínez Romero, un nuevo género de bacterias fijadoras de nitrógeno, benéficas para el crecimiento de las plantas, la agricultura y la salud humana, fue nombrado Martinezella; incluye a 12 especies diferentes.

Es la segunda distinción para la científica, quien tiene otra especie con su nombre: Rhizobium esperanzae. “Me dio mucho gusto; en ninguno de los dos casos esperaba que me propusieran”, comentó en entrevista.

La universitaria recordó que fue una iniciativa de un grupo de colegas de Canadá, España, Alemania y Reino Unido, tomando en cuenta que en el laboratorio “hemos hecho contribuciones para proponer especies de bacterias fijadoras de nitrógeno y entender cómo funcionan”.

Cabe mencionar que un género bacteriano es una categoría taxonómica que agrupa bacterias con características genéticas, morfológicas y metabólicas similares. Se ubica jerárquicamente por encima de la “especie” y por debajo de la “familia”.

La doctora en Investigación Biomédica Básica egresada de la UNAM y también profesora desde hace más de tres décadas en el campus Morelos de la Universidad Nacional, es pionera en el estudio molecular de las simbiosis fijadoras de nitrógeno del frijol y de los endófitos (microorganismos que habitan dentro de hojas, tallos y raíces de las plantas) de ese grano y del maíz.

“Todas las especies de este género son benéficas para la agricultura. En muchos lugares se utilizan como inoculantes y sustituyen a los fertilizantes químicos. Se les considera biofertilizantes. Aunque las estudiamos a nivel básico y nos adentramos en la estructura de su genoma, nuestros estudios tienen aplicaciones muy concretas en el campo”, puntualizó.

Las del género Rhizobium (en las que la universitaria es experta y ha trabajado durante más de tres décadas) viven en el suelo y establecen simbiosis (una estrecha interacción de larga duración) con dichas semillas.

En los árboles de leguminosas sus efectos son notables, destacó la experta; “tanto, que me enamoré de esta área de conocimiento por sus efectos, que logran que crezcan más y se pongan verdes”. Las semillas de los árboles tienen pocas reservas y la plántula crece poco sin nitrógeno.

La opción sería ponerles fertilizantes nitrogenados para que crezcan, pero los árboles son selectivos y fieles a sus bacterias, no les gusta asociarse con fertilizante químico y prefieren el nitrógeno de sus bacterias”, afirmó.

De acuerdo con Martínez Romero, además de biofertilizantes son promotoras del crecimiento vegetal, pues ayudan produciendo hormonas y raíces fuertes que pueden absorber más nutrientes. “Son el equivalente a tomar probióticos en humanos”.

Explicó que las bacterias endófitas (que están dentro de las plantas) llegan a nuestro cuerpo al comer frutas y verduras crudas, colonizan los intestinos y se vuelven parte de nuestra microbiota intestinal.

Algunas tienen la capacidad de crear hormonas vegetales al interior de los intestinos. Hace poco aprendimos que en este órgano humano hay receptores para estas (auxinas). Ello quiere decir que puede absorberlas y aprovecharlas; benefician el sistema inmune, alivian síntomas de colitis y ayudan a las terapias contra el cáncer.

Cabe referir que Martínez Romero y sus colegas del CCG han estudiado las bacterias del teporingo o conejo de los volcanes que habita en las faldas del Popocatépetl (un animal pequeño en peligro de extinción) y las bacterias fijadoras de nitrógeno en una tortuga de Tamaulipas que se alimenta de cactus.