EE. UU. Y CHINA: HEGEMONÍA MUNDIAL COMPARTIDA
Por: Salomón Rosas
Algunos calificativos como los de “Histórica y emblemática reunión”; “Relación constructiva de estabilidad estratégica”; “Se alcanzaron importantes consensos”; “Visita muy exitosa e inolvidable”; “Se alcanzaron una serie de consensos importantes”; “Se lograron múltiples acuerdos y se resolvieron no pocos problemas” expresados tanto por Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos de América, como por Xi-Jinping, Presidente de China en relación al encuentro que sostuvieron estos días pasados en la provincia de Zhongnanhai, China, en la residencia de la cúpula dirigente del Partido Comunista de ese país, ilustran que los Dos Imperios Predominantes a nivel global van consolidando los acuerdos para ejercer de manera compartida la hegemonía mundial sobre toda la humanidad. Ambas potencias han entrado ya en la etapa final de definiciones para el reacomodo mundial de los intereses económicos y los territorios de control e influencia que quedarán bajo sus respectivos poderes durante las próximas décadas sino es que por todo este siglo o aún más allá. Es importante hacer notar que a diferencia de los encuentros anteriores entre representantes de ambos bandos en los que se privilegiaban los temas comerciales, las pláticas celebradas esta semana de manera directa entre los máximos jerarcas de los Dos Imperios Predominantes (Donald Trump y Xi Jinping) tuvieron un contenido más de carácter geopolítico, militar y de seguridades para tener el control de las riendas del planeta y, si se puede, de más allá dado las iniciativas en el espacio extra terrestre.
Al parecer ya existe la claridad en ambos gigantes de que ninguno de los dos podrá dominar e imponerse al otro y, por lo tanto, se van ya articulando los acuerdos para ejercer la hegemonía mundial de manera conjunta a base de aranceles, inteligencia artificial apoderamiento de las llamadas tierras raras y manejo de las guerras. Pekin y Washington son dos gigantes muy peligrosos para todos, pero todo indica que las bases del acuerdo para repartirse el planeta se han sentado ya. Es importante recordar Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, y más aún desde la caída del muro de Berlín, ha sido la potencia dominante y que -aunque se ha debilitado en el último cuarto de siglo- sigue siendo una potencia militar y económica y ha sabido conquistar un lugar dominante, por ejemplo, en las tecnologías digitales desempeñando un papel determinante. Por su parte, China ha experimentado durante medio siglo también una trayectoria económica y tecnológica muy impresionante, factores que la ha llevado a pasar a ocupar la primera posición entre las economías mundiales. Hoy en día, los verdaderos competidores son estos Dos Imperios Predominantes y son los que están configurando la nueva hegemonía global tanto en el plano político y militar como en el de las tecnologías del futuro.
Los acuerdos que acaban de concluir en China entre Donald Trump y Xi-Jinping entre imágenes de los dos líderes rodeados de delegaciones de empresarios, flanqueados por altos funcionarios, nos hacen pensar en unas relaciones comerciales renovadas. Los informes públicos refieren la creación de nuevos organismos para regular el comercio mundial, marcos normativos también nuevos para la inversión, y apuntan a que las empresas financieras estadounidenses habrían logrado finalmente abrirse paso en el mercado chino y de que las empresas chinas de tecnologías verdes se establecerían pronto en Estados Unidos. En este sentido, el tono positivo en el que se empeñaron los dos representantes de los Imperios Predominantes en transmitir en sus anuncios es deliberado y tiene por objeto tranquilizar a los mercados y empezar a generar condiciones para aterrizar un Nuevo Modelo Mundial. A diferencia del encuentro en la Cumbre anterior entre Trump y Xi Jinping celebrada en Busan en octubre de 2025, Corea del Sur, en las que las conversaciones se centraron casi exclusivamente en cuestiones económicas y el tono fue puramente transaccional, prudente y de alcance limitado; el verdadero contenido de lo que verificamos hace unos días es tiene consecuencias más trascendentales. En el fondo, se trató más bien de negociaciones sobre la militarización de la stack de IA y de una comunicación mutua en los temas de verdadera trascendencia.
Alicia García-Herrero nos habla sobre la complementariedad y la necesidad mutua entre los gigantes y la dependencia que se da, por ejemplo, entre ambas potencias con lo de la Inteligencia Artificial y esto es lo que provoca que deba darse un arreglo definitivo entre en el marco de un nuevo acuerdo. Nos dice que “Estados Unidos domina un aspecto fundamental: tiene el dominio y el control sobre el hardware necesario para la potencia de cálculo en la que se basa la carrera por la IA. Los chips de Nvidia, la capacidad de fabricación de TSMC —obtenida gracias a la presión diplomática estadounidense— y el ecosistema más amplio de semiconductores avanzados constituyen un cuello de botella que Washington lleva tres años estrechando en torno a Pekín. Por otra parte, China controla un cuello de botella que no suele destacarse tanto, pero que es igual de crucial: las tierras raras y los minerales críticos, sin los cuales no se puede fabricar ningún chip, montar ninguna batería de vehículo eléctrico ni desplegar ningún sistema de armamento avanzado”. Es decir que la geopolítica marcó el encuentro reciente entre los Dos Imperios Predominantes y eso, desde mi punto de vista, es un buen signo para ir logrando la nueva normalidad y que se comience a vivir una estabilidad que permita dar certidumbre del rumbo.
Muchas cosas están por definirse aún, pero lo que es cierto es que el destino de México está ligado a la suerte de EE. UU. en sus acuerdos con China y de ahí para con todos los demás países. Nos toca reaccionar con rapidez y estar muy atentos y actuar frente a los escenarios cambiantes. Citando a Sun Tzu diremos que “las oportunidades se multiplican a medida que se aprovechan”.
