Cuando el petróleo golpea al turismo

IRENE-MUNOZ

20 DE NOVIEMBRE DE 2023. CIUDAD DE MEXICO. RETRATOS DE IRENE MUÑOZ PARA SU COLUMNA EN EL UNIVERSAL. FOTO: GERMAN ESPINOSA

Por: Irene Muñoz

La guerra entre Estados Unidos e Irán ya comenzó a cobrar víctimas fuera del campo militar, el turismo mundial. El problema no es únicamente geopolítico, es económico. Cada escalada en Medio Oriente dispara el precio del petróleo, y cada incremento en el combustible termina impactando directamente el costo de viajar, la operación de las aerolíneas y la estabilidad de toda la industria turística.

La alarma está en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del petróleo mundial. Basta una amenaza de cierre o un aumento en la tensión militar para alterar mercados energéticos, encarecer combustibles y generar nerviosismo financiero global. El turismo depende completamente de esa cadena. Y la aviación aún más. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha advertido que el combustible representa entre 25% y 30% de los costos operativos de una aerolínea. Cuando el petróleo sube, las aerolíneas enfrentan una decisión brutal en la que deben decidir si aumentan tarifas, reducen rutas o dejan de operar. Y eso, ya está ocurriendo.

La primera gran víctima visible fue Spirit Airlines, que anunció el cierre total de operaciones tras no lograr sobrevivir al aumento del jet fuel derivado de la crisis energética y la guerra con Irán. Reuters reportó que la empresa reconoció que el incremento del combustible volvió inviable su modelo de bajo costo. Spirit representaba durante años el símbolo del vuelo barato en Estados Unidos y su desaparición no sólo deja miles de pasajeros afectados y cerca de 17 mil empleos en riesgo; también elimina competencia en rutas donde mantenía tarifas bajas. The Wall Street Journal estimó que en mercados donde Spirit había abandonado operaciones anteriormente, las tarifas aumentaron hasta 23%. Es decir, cuando desaparece una low cost no sólo desaparecen vuelos baratos, desaparece presión competitiva y viajar se vuelve más caro para todos.

En México también comenzaron las señales de alarma. Magnicharters suspendió operaciones de manera repentina alegando “problemas logísticos”, dejando pasajeros varados en Cancún, Mérida, Huatulco y otros destinos turísticos. Posteriormente, autoridades mexicanas suspendieron temporalmente su certificado operativo debido a problemas financieros y operativos. Aunque oficialmente no se ha declarado un cierre definitivo, el caso refleja la enorme fragilidad de aerolíneas medianas en un entorno donde el combustible se dispara, el financiamiento se complica y la rentabilidad desaparece rápidamente. Lo más delicado es que Magnicharters operaba precisamente en rutas vacacionales y regionales donde muchas veces las opciones son limitadas y donde el turismo depende completamente de la conectividad aérea.

Pero el problema va mucho más allá de dos aerolíneas. Lufthansa, British Airways, Turkish Airlines, Qantas, Cathay Pacific y AirAsia X comenzaron ajustes operativos, reducción de frecuencias y revisión de rutas ante el incremento del combustible. LATAM ya redujo expectativas financieras por el impacto energético. Air Canada suspendió operaciones temporales en algunas rutas de verano. La industria completa está entrando en modo defensivo porque el petróleo caro no sólo afecta ganancias: amenaza modelos completos de negocio, especialmente en aerolíneas de bajo costo o compañías medianas con márgenes limitados. Eso golpea directamente al turismo global.

Después de la pandemia, el sector apenas comenzaba a estabilizarse. El turismo internacional recuperaba rutas, frecuencias y demanda, pero la nueva crisis petrolera amenaza con romper nuevamente esa recuperación, ya que cuando viajar se encarece, el turista cambia inmediatamente de comportamiento y viaja menos días, reduce gasto, elimina destinos secundarios o simplemente cancela vacaciones. El turismo deja de ser una decisión emocional y vuelve a convertirse en una decisión financiera.

México enfrenta un riesgo particularmente delicado. El turismo representa alrededor del 8.7% del PIB nacional y millones de empleos dependen directa o indirectamente de la conectividad aérea. Destinos como Cancún, Los Cabos, Puerto Vallarta o Riviera Maya viven de visitantes internacionales que hoy comienzan a resentir inflación, tarifas aéreas más altas e incertidumbre económica. Algunas aerolíneas estadounidenses incluso comenzaron ajustes de capacidad hacia destinos mexicanos precisamente por el aumento de costos operativos y combustible.

El problema es que esta crisis ocurre en un momento donde la aviación todavía no termina de recuperarse completamente de la pandemia, enfrenta escasez de aviones, costos laborales elevados y cadenas logísticas frágiles. El petróleo caro llega en el peor momento posible; y aunque el discurso oficial sigue apostando por récords turísticos y recuperación sostenida, la realidad internacional comienza a contar otra historia, una donde viajar será cada vez más caro, más selectivo y menos accesible para amplios sectores de la población.

A corto plazo veremos boletos más caros, menos promociones y ajustes constantes de rutas. A mediano plazo podrían venir consolidaciones, desaparición de más aerolíneas medianas y reducción de conectividad internacional. A largo plazo, el turismo mundial podría entrar en una nueva etapa donde viajar deje de ser una actividad accesible para millones de personas y vuelva a percibirse como un lujo.

La crisis petrolera ya no sólo amenaza mercados financieros o gobiernos. Está comenzando a redefinir quién puede viajar, cuánto puede moverse el mundo y qué tan accesible seguirá siendo el turismo. Porque cuando el petróleo entra en guerra, el turismo deja de ser una industria de experiencias y se convierte en una industria de sobrevivencia.

 

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