Columnista Edgar Mereles

Por: Edgar Mereles Ortíz.

“No tienen raíz,
no son de buena tierra
y no dan buena madera.”
Hermenegildo García.

Morena en su laberinto.

Sin duda alguna la política es compleja, difícil; exige talento, paciencia, pasión, mesura, esfuerzo y mucha convicción. Los políticos son mujeres y hombres que viven emociones, hábitos, pensamientos, egos, prejuicios y todo tipo de sentimientos humanos. Respeto mucho el oficio de la política, por ello es que me he dedicado a estudiarla, aplicarla de la manera más profesional posible no exento de errores, omisiones y equívocos.
La política es tener una idea, a través de ella se construye una visión, haces un plan y desarrollas unas acciones, tomas decisiones para lograr que la política tenga al más amplio consenso y se lleve a cabo como una acción legislativa, un programa de gobierno o una actividad partidista. Pero también la política es oponerse a las ideas, visiones, planes, acciones, decisiones e impedir que se logre una acción legislativa, programa de gobierno o actividad partidista. Perdón por ser repetitivo y redundante pero mi anhelo es que quede muy clara la exposición que estoy desarrollando.
La política es un juego de poder, de lograr acuerdos a favor o en contra de alguien, algunos, así como de acciones individuales y colectivas. El poder es un instrumento que cada quien sabe de qué está hecho y qué elementos lo integran. Pareciera que la política es sólo alcanzar el poder público para hacer y deshacer pero, no lo es así. La clave de la buena política es aplicarla con elementos indispensables: herramientas democráticas, hábitos sociales, pensamientos incluyentes, actitudes inclinadas a escuchar para entender, dialogar para convencer, ejercer el liderazgo inteligente, racional, democrático y justo. Aquí me detengo brevemente, no me refiero a que el líder juzgue, sino a que sea justo con todos, empezando por él, aplicar los premios sin privilegios ni preferencias y las sanciones sin subjetividad, inequidad ni alevosía. Ser justos en la política es hacer que todos tengan la absoluta confianza de que las recompensas y sanciones, las cargas de trabajo y los reconocimientos son por el esfuerzo aplicado y no por la apariencia, amistad o diferencias.
En Morena empezaron mal. El primero error histórico es que Andrés Manuel traicionó al Partido Político que le dio un valor social, una presencia y resonancia a su voz. El PRD nació del consenso de los Partidos Políticos y los personajes de la izquierda que vinieron de la lucha sindical, de las guerrillas, de la lucha por la democratización de México, de la defensa de los Derechos Humanos. A todo eso y más traicionó Andrés cuando abandonó al perredismo.
El segundo pecado del cuatroteísmo es su dogmatismo y fanatismo fascista. En el fascismo dominante en México a los adversarios se les persigue, encarcela o mata. La diferencia de pensamiento no existe, y si se expresa se le somete. El cacique es el fundamento dogmático a quien se le venera, adora y obedece. No hay más institución que el sometimiento a lo que impone López Obrador. No hay margen de duda, racionalidad, uso de la inteligencia ni construcción de una duda o plantear otra opción. Es lo que opina el cacique y punto.
La ideología del fascismo ha evolucionado en los últimos treinta años. Hoy no es una idea exclusiva de la derecha, también se incuba en la izquierda, en esa que no acepta las reglas democráticas y, las instituciones, así como la legalidad, le estorban; está presente en los discursos que lamentan la pobreza pero aplica modelos de organización, cooptación y estructuración para el control electoral. Las masas de pobres son la mejor suma de votos para los fascistas, es por ello que las políticas no son para que salgan de esa situación económica si no que sigan pobres y voten por sus empleadores y caciques.
El tercer error de la cuatroteología son sus alianzas históricas con el crimen organizado, particularmente con el narcotráfico. Existen informes de los órganos de seguridad que afirman los encuentros que sostienen Andrés, José y Esteban López Beltrán con líderes del narcotráfico. Información que en su momento se le presentó a Enrique Peña y nada quiso hacer. Lo más grave de las alianzas es que el obradorismo hecho gobierno protegió hasta donde más pudo a sus aliados, por ello es que sacaron a la DEA de México, los elementos de seguridad tenían prohibido tocar a un criminal, los criminales desarrollaron un estrategia de expansión por Europa, África y Asia, contando con el mayor apoyo de gobiernos extranjeros para fortalecer sus ventas y producción de drogas sintéticas. El saldo está a la mano y a la vista de todos: más de 200 mil asesinatos. Más de 130 mil desaparecidos. Hoy en la mañana me encontré a una activista de Morena y le dije: “si usted es madre de familia, no puede trabajar para Morena, por que cada desaparecido es una mala política de este gobierno”. México está viviendo una crisis humanitaria sin parangón en su historia.
Morena es una mala idea, una visión mezquina, un plan sin sentido. En resumen, es una política contra México.
Están en su propio laberinto, el problema no es quién la dirija, sino que la complejidad de sus intereses, excesos, corrupciones e impunidad hacen que los lazos de complicidades se vayan desgastando y rompiendo, provocando que todos aniquilen a todos. Aquí, la corrupción no es engrudo que pegue, ni aceite que lubrique la maquinaria. No, lo complejo es que con la delincuencia no hay códigos, lealtades ni convicciones, no hay ni pueden tener eso que le da valor a la política que se hace en serio. Morena es una mala política.
Ciudad de México a 27 de abril del 2026.

 

 

 



Las opiniones expresadas en este artículo son exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura editorial de Cadena Política. El contenido ha sido publicado con fines informativos y en ejercicio de la libertad de expresión.